La experiencia del dolor y el sufrimiento es una de las realidades que nos hermana a todos los seres humanos. El deseo de bienestar y felicidad que todos tenemos se ve truncado por un sinnúmero de experiencias dolorosas que parecieran gritar que la felicidad no es posible.

La experiencia del dolor físico la compartimos con los animales, pero el sufrimiento que sería la valoración que hacemos de ese dolor, solamente lo podemos experimentar los seres humanos. Este sufrimiento, que nos quita la paz, puede tener diferentes orígenes y afectar de diferente manera a cada uno de nosotros. Experimentamos sufrimiento provocado por el cuerpo, como ya mencioné, o sufrimiento causado por cuestiones morales cuando sentimos que fallamos a nuestros principios, o sufrimiento de origen psicológico cuando vemos que no podemos alcanzar la felicidad que deseamos tanto.

Entre los diferentes tipos de sufrimiento, aparece de una manera repentina y que nos afecta fuertemente, el sufrimiento causado por las pérdidas que experimentamos durante la vida. Desde que empezamos a tener conciencia del mundo que nos rodea y experimentamos la sensación de “tener” algunas cosas y personas,  empezamos a sentir al mismo tiempo, el sufrimiento que nos provoca perderlas.

Alguno dirá que se pueden tener cosas pero no se pueden tener personas pero habría que ver que en realidad lo que experimentamos es que tenemos una mamá, un papá, unos hermanos y unos amigos. A estas personas no las tenemos de la misma manera que a las cosas porque no son de nuestra propiedad para disponer de ellas sino que, las tenemos para establecer relaciones de amor con ellas.

Cuando perdemos las cosas que poseemos sentimos dolor pero, cuando perdemos a una persona con quien hemos establecido una relación de amor entonces el dolor y el sufrimiento se vuelve, algunas veces, muy difícil de soportar. Aquí está en realidad la clave para entender el dolor y el sufrimiento en nuestra vida. Lo que en realidad duele, lo que en realidad nos hace sufrir es perder el objeto de nuestro amor.

El sufrimiento viene a ser una realidad relacionada íntimamente con el amor. Ante esta realidad algunos dirán “entonces no conviene amar” pero eso no se puede hacer. El hombre y la mujer estamos hechos para amar y siempre habrá algo o alguien a quien amemos intensamente. Lo que conviene no es dejar de amar sino vivir el amor en plenitud puesto que es esto, el amor, lo que más felicidad conduce al corazón.

Por eso ánimo… si sufres es porque amas pero si amas ¡serás verdaderamente feliz!

Artículo escrito por Arturo González Mogas en colaboración con Fidei

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