«Corriendo más adelante, se subió a un sicómoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.» (Lc 19, 4).

El relato de Zaqueo (Lc 19, 1-10) es de una gran belleza. Nos habla de alguien como tú y como yo. Un pecador. Zaqueo. Un personaje rico, jefe de recaudadores de impuestos de Roma. No se trataba de un personaje querido.

Sin embargo, Zaqueo no era alguien tan acomodado como podría parecer. Había oído hablar, sin duda, de Jesús. Y le había picado la curiosidad. Tenía interés, el suficiente como para arriesgarse a hacer el ridículo de forma clamorosa subiéndose a un sicomoro para poder ver a ese Jesús que, de alguna manera, le había llamado. Aunque fuera sólo por esa curiosidad, por ese querer saber quién era esa persona tan especial.

Y, gracias a esa falta de respetos humanos, a no tener miedo a hacer el ridículo para encontrar a Jesús, la salvación llegó a Zaqueo, haciéndole dar un cambio radical.

Mientras personas como Zaqueo se suben a su sicomoro particular buscando a Jesús, otros tenemos tendencia a quedarnos a la sombra del sicomoro. Demasiadas veces nos puede el miedo, la pereza, el creer que ya conocemos a Cristo, que pasa delante de nuestras narices sin que nos demos cuenta, porque seguimos a la sombra del sicomoro en lugar de subirnos a él.

Reconozcamos que muchas veces nos falta esa chispa, esa ansia por encontrarnos con Cristo. Pensamos que ya lo tenemos todo hecho, que como ya somos católicos, vamos a Misa, incluso puede que recemos todos los días, ya no necesitamos más. Ya conocemos a Jesús, ¿no?

Pero Jesús sigue pasando por delante. Y le ignoramos cuando no vamos a Misa por amor, sino por cumplir. Cuando el prójimo tiene un problema y le ignoramos. Cuando apoyamos a políticos que atacan a nuestra fe por acción u omisión. Cuando no defendemos a la Iglesia cuando podemos hacerlo. Cuando nos dejamos guiar más por el egoísmo o el miedo que por el amor.

Me encantaría ser como Zaqueo. La parte de pecador ya la tengo. Ahora falta dejar de quedarme una y otra vez a la tranquila y reconfortante sombra del sicomoro.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Jorge Sáez Criado

 

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