“A cualquier precio que sea, es necesario que Dios esté contento.”
San Claudio de Colombiere

San Claudio de Colombiere es un santo de origen francés, sacerdote jesuita, quien fue también confesor de Santa Margarita María de Alacoque y propagador, al igual que ella, de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Como Católicos con Acción hemos querido tomar y compartir esta hermosa oración de San Claudio, a fin de que nos edifiquemos con y hacia Dios. Esta es, sin duda, una de las oraciones más bellas, inspirada a este santo sacerdote, que trata precisamente de la confianza en Dios.

Te invitamos a hacer una pausa en tu día y, en silencio de fe, hacer esta oración con todo tu corazón:

“Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de Ti todas las cosas, que he determinado vivir de ahora en adelante sin ningún cuidado, descargando en Ti todas mis solicitudes. “En paz me duermo y en seguida descanso porque Tú solo, Señor, me has confirmado en la esperanza” (Salmo 4:10).

Despójenme en buena hora los hombres de los bienes y de la honra, prívenme de las fuerzas e instrumentos de serviros las enfermedades; pierda yo mismo vuestra gracia pecando, que no por eso perderé la esperanza, antes la conservaré hasta el postrer suspiro de mi vida, y vanos serán los esfuerzos de todos los demonios del infierno por arrancármela.

Que otros esperen la dicha de sus riquezas o de sus talentos: que descansen otros en la inocencia de su vida, o en la aspereza de su penitencia, o en la multitud de sus buenas obras, o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mi toda mi confianza se funda en mi misma confianza: Porque Tú solo Señor, me has confirmado en la esperanza’.

Confianza semejante jamás salió fallida a nadie: `Nadie esperó en el Señor y quedó confundido’ (Sir. 2:11). Así que, seguro estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo, y porque Tú, Dios mío, de quien lo espero: `en Ti, Señor, he esperado, no quede avergonzado jamás” (Sal 30:2; 70:1).
Conocer, demasiado conozco que por mi soy frágil y mudable; sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas; he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de eso logra acobardarme. Mientras yo espere, estoy a salvo de toda desgracia; y de que esperaré siempre estoy cierto, porque espero también esta esperanza invariable.

En fin, para mí es seguro que nunca será demasiado lo que espere de Ti, y nunca tendré menos de lo que hubiere esperado. Por tanto, espero que me sostendrás firme en los riesgos mas inminentes y me defenderás en medio de los ataques más furiosos, y harás que mi flaqueza triunfe de los más espantosos enemigos. Espero que Tú me amarás a mi siempre, y que te amaré a Ti sin intermisión; y para llegar de un solo vuelo con la esperanza hasta donde puede llegarse, espero a Ti mismo de Ti mismo, oh Creador mío, para el tiempo y la eternidad. Amén.”

San Claudio de Colombiere, ruega por nosotros.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Ernesto Martínez

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