Reflexión del Evangelio San Lucas 16,19-31. Domingo 26, “C” durante el año, 25 de septiembre.

El evangelio de hoy presenta a un hombre muy rico, muy bien vestido y que todos los días hacía espléndidas comidas. Inmediatamente aparece,a su puerta, un pobre llamado Lázaro, lleno de llagas, que esperaba ansiosamente comer algo de lo que se caía de la mesa del rico, sin embargo, sólo los perros fueron sus amigos.

A estas realidades contrastes las divide físicamente sólo una puerta, pero dan a entender una distancia abismal por la indiferencia del rico. Por eso, “el rico”, más allá de la riqueza material o social, representa a toda persona encerrada en su mundo por la indiferencia.

Hoy, a través de este evangelio, Jesús te sugiere y propone salir más de ti mismo, de tu propio mundo y de tus ocupaciones simplemente abriendo la puerta de tu corazón -simbólicamente hablando, es cuestión de abrir la puerta-para encontrarte con un indigenteque está muy cerca físicamente pero está muy lejos de tu corazón, para que no termines,como en el evangelio de hoy, en un real abismo entre el rico y el pobre.

Ahora, ¿cómo se supera este abismo?

A través del diálogoque es el puente por excelencia.El modo óptimo es el encuentro personal, cara a cara. Puede ser también, a través de distintos medios de comunicación que permiten ver, escuchar y hablar o simplemente usando el teléfono. Lo más importante es que abras lapuerta de tu corazón para un diálogo sincero para descubrir al otro en sus realidades muy diferentes.

Entonces, ¿cuáles son los frutos que se obtienen con este puente de encuentro?

Ante todo, el descubrimiento de ti mismo gracias al otro que se convierte en una especie de tu reflejo, espejo por el cual descubres y valorastus riquezas que ya tienes y recibes el estímulo para desarrollar más tu capacidad para el servicio al otro. Y luego, descubres que en el fondo el otro tiene tu misma dignidad y mismos sentimientosaunque puedan ser más rígidos o tenga menos capacidades desarrolladas que túpor su historia misma. Sin embargo, esto no significa que tiene menos dignidad que tú,como si un discapacitado o los niños tuvieran menos dignidad,ya que Dios nos creó y nos redimió a todos con la misma dignidad.

Por medio de estos encuentros, progresivamente,descubrirás que el indigente es tu hermano.Y si das un paso más, deberías llegar a captar que él es parte de tu cuerpo. Entonces, gracias a esta parte indigente, tendrás oportunidad de cuidar parte de tu cuerpo experimentando la alegría de la unidad y solidaridad del mismo.

Por último, una propuesta concreta para que no te quedes sólo en un ideal. Pregúntale al Señor, en tu oración, con quién tienes que empezar un diálogo. Anótalo y comienza a orar bendiciéndolo y comunícate con esa persona para concretar un encuentrocon fecha, hora y lugar. De lo contrario, no va a pasar nada, ¡sólo un buen deseo no alcanza!

Te va costar estos primeros pasos concretos pero tienes que animarte a darlos. ¡No lo dejes para otro momento! ¡Jesús te lo pide “hoy”! Al comienzo, a todos nos cuesta salir de nosotros mismos. ¡A mí también me cuesta! Pero tendrás grandes satisfacciones con el tiempo.¡Anímate! Luego, anímate a mantener el diálogo para profundizar este descubrimiento y comunión. Este proceso irá completando tu felicidad junto a tus hermanos. Amén.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Obispo Monseñor Han Lim Moon

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