Adaptación vocacional de la película “Rango” de Paramount Pictures y Nickelodeon Studios

Antes de iniciar este artículo, deseo agradecer profundamente a la Licda. Nora Chacón, profesora de latín en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, Costa Rica, quien realizó el análisis filológico de este artículo.

Recuerdo en la escuela que en clase de Ciencias la profesora Evelia nos repetía constantemente para el examen: nace, crece, se reproduce y muere. Biológicamente es nuestro destino, pero más a fondo, desde una perspectiva antropológica, el ser humano busca más que eso, busca su plenitud, su realización, el camino hacia la realización de su existencia en el mundo que lo rodea, para comprenderse a sí mismo, su ser y su destino, esto a la luz del pensamiento de Joseph Gevaert.

Pues bien, es aquí donde muchas veces nos hemos detenido en nuestro caminar por este mundo y nos quedamos inquietos ante la interrogante que todos, supongo, nos hemos hecho en nuestra vida: ¿Quién soy?

Fue en el año de su debut (2011) cuando vi Rango y me encantó pero fue a través de un retiro que se vive una vez año con jóvenes de mi diócesis que realicé la adaptación de esta película a un ambiente vocacional y quiero compartirlo con ustedes con la esperanza de que les pueda ser de ayuda en los procesos vocacionales o en la pastoral que llevan a cabo.

¿Quién soy?

Durante los primeros minutos de la película podemos observar a un Rango experimentando diversas facetas que no le permiten acomodarse a su inquietante pregunta. Desde el principio, en el primer escenario, en un momento central que parece abarcar todo el filme, Rango se pregunta a sí mismo: ¿Quién soy?

Vacilante, errante y aventurero llega a “Tierra”, un lugar desértico y en peligro de ser inhabitable por la falta de agua. Aquí lo llamativo es que nuestro amigo se encierra en un personaje que le parece estable, que le parece exitoso, que le trae gran fama, pero que le llevará a grandes problemas de los que ni tiene imaginación: se hace pasar por un brabucón que luego será nombrado sheriff.

Muchos de nosotros hemos imitado personalidades sobre aquello que nos parece atractivo: una moda determinada, un actor, cantante o celebridad del momento que simula una zona de confort, pero que por dentro, sabemos que no nos satisfacemos de ello. Hay un yo interior que quiere saber quién es y quiere exteriorizarse para ser conocido por todos.

En nuestra vocación, debemos ser transparentes y no intentar ser “otros yo” que hay en el mundo. Jesús te pide que seas auténtico: ¡Sé tú mismo! No imaginas lo valioso que eres y lo importante que serás para una sociedad sedienta de personas auténticas y felices de ser quienes son.

Rango acumula una serie de problemas que explotan en un momento de crisis: todos en “Tierra” descubrieron la verdad porque el antagonista del filme, “Víbora Jake”, les revela “la otra cara de la moneda”.

Rango no era Rango, era un farsante y por su causa ahora todos en “Tierra” sufrirán las consecuencias de un “infierno”. – ¿Quién eres? – le preguntan. Humillado solamente guarda silencio y en su momento de ruina, que me recordó el Calvario de Jesucristo ante tanta humillación y la vista dudosa y enfurecida de muchos, se deshace de su antigua identidad.

Entonces es justamente cuando Rango se despoja de su “hombre viejo”, caminando en medio del desierto como quien da pasos sin sentido y sin destino. 

Cruzar al otro lado: la experiencia de La Cruz

Mi parte favorita de la película inicia a 30 minutos del final.

– ¿Quién soy? No soy nadie – se responde a sí mismo Rango.

Nuestro personaje experimenta una metáfora al inicio de la película y de la que hace experiencia en este momento: cruzar al otro lado de la carretera. Fue en la carretera donde se “tropezó” con “Tierra” y es ahora, después de caminar sin sentido, cuando se vuelve a encontrar frente a ella.

Si han puesto atención al gesto de nuestros abuelos, se quitaban el sombrero en momentos de mucho respeto e, inclusive, en los momentos de mayor impotencia de su vida. Rango prácticamente repite este último gesto mientras cruza una carretera transitada y en la que nosotros simplemente quedaremos expectantes.

Jesucristo cargó con su Cruz hasta el Calvario y su travesía no fue fácil. Se vio envuelto entre gritos, ofensas y laceraciones que hicieron de su recorrido un camino dificultoso.

A los muchachos del retiro para el que preparé este tema, se les dice desde el inicio del mismo que van a hacer experiencia de la Cruz, pero solamente sienten ansiedad por saber qué es. Cuando hacen su “paso de la Cruz”, su vida les cambia rotundamente porque dejan su anterior vida ahí arriba, su hombre viejo, en aquél madero en el que Cristo fue clavado (Cfr. Rm 6, 6) y sufrió por amor a nosotros.

Al final de esta experiencia, les pregunté lo mismo que un armadillo a Rango: – ¿Es tan fácil como parece? – y respondieron al unísono: – no –.

Dejar a nuestro hombre viejo es sumamente difícil; que lo digan las numerosas personas que se han convertido luego de una vida desordenada y sin sentido. Renunciar a lo temporal siempre implica un sacrificio que muchas veces duele, puesto que está tan arraigado a nosotros que nos lastima hasta en nuestras entrañas.

Posiblemente, Rango se lanza a cruzar la calle sabiendo que era probable no sobrevivir, pero que también era probable sobrevivir. Solamente quisiera agregar lo que un sacerdote me mencionó en una confesión y que deseo adaptar a este “cruzar al otro lado”: Dios da la gracia para cruzar.

Encuentro con el Espíritu del Oeste: el encuentro personal con Cristo

En medio de profecías, Rango se topa, luego de “cruzar al otro lado”, con el Espíritu del Oeste del que tanto comentaban todos en “Tierra”.

Lo primero que le pronuncia el ser divino a Rango es: A veces debes cavar para encontrar lo que estabas buscando. ¡Así que llegaste!

En medio de una conversación como la que tienen dos personas, tal y como Moisés hablaba con Dios como amigo, el Espíritu del Oeste le hace ver a Rango que todos sus problemas tienen un fin: ser un héroe para “Tierra”.

Durante nuestro discernimiento vocacional llegamos a un punto en el que nos ocurre lo mismo que Rango está viviendo. Logramos comprender el sentido de nuestra vida. Ya sabemos cuál es nuestra misión en este mundo y es el mismo Dios quien nos lo ha revelado.

¡Sí, Dios! Si cada uno de nosotros fuésemos Rango, el Espíritu del Oeste sería el mismo Jesús quien se nos une en el camino. Caso paralelo al pasaje bíblico de los discípulos de Emaús (Cfr. Lc, 13ss). Es Él quien anima, llama y pide una respuesta generosa, la cual implica una entrega radical que debe hacerse frente a los retos por presentarse durante su desarrollo: el miedo, la vergüenza, el “¿qué dirán?”.

Rango lo enfrenta, decide regresar a “Tierra” para devolverles el agua a los habitantes del pueblo; pero primero sabe que debe pasar por una prueba de fuego al regresar a pedir la ayuda de una familia víctima de sus ocurrencias.

Un aspecto queda por detallar en este apartado. Antes de que el Espíritu del Oeste se retire, marca un recuadro en un vidrio que está frente a Rango. El momento se hace solemne al decir la que a mi parecer es una de las frases más impactantes de la película: Ningún hombre puede escapar de su propia historia. Dios no es un dios de predestinación, pero sí tiene un plan de salvación del que necesita nuestra colaboración y es nada menos que su Proyecto Divino, fruto de su sabiduría y voluntad.

La batalla final: La acción del hombre, nuevo fruto de la conversión y de la gracia de Dios

Rango regresa a “Tierra” en medio de una tormenta de arena que produce en aquella épica escena un ambiente de tensión. Antes que nada, entre sus pasos se topa con su antigua identidad: su placa de sheriff, que toma con temor, pero que seguramente iba a impregnar de valor el reto que estaba por venir.

Rango grita desde la entrada de “Tierra”: ¡Jake!

Llega la hora del momento final. Solo una bala en la pistola de Rango y Víbora Jake está repleto de moniciones. Pareciera una batalla contra el bien y el mal, una batalla entre nosotros y el demonio que quiere impedir que sigamos. Solo el valor le permite a Rango hacer una proeza, la cual devolverá el agua que hacía tantos años no veía “Tierra”: una sola bala.

Con esto finaliza esta historia. Todos son felices porque Rango descubrió que su vocación era ser el héroe que “Tierra” necesitaba, no el que él mismo quería aparentar ser.

Muchas veces, retomando el inicio de este artículo, intentamos excusarnos de nuestros actos a través de una imagen ficticia de nosotros mismos. Rango descubrió que en medio de sus flaquezas, podía hacer el bien a todos a través de su encuentro con el Espíritu del Oeste, de su encuentro consigo mismo y de su “yo” transparente y nuevo.

Personalmente puedo decir que mi “cruzar al otro lado” fue más una intersección en “Y”, para otros podrá ser en “X”, y para unos cuantos podrán ser en “I”, pero para Rango fue solamente cruzar para encontrar la felicidad del llamado del Señor.

Toda esta historia tiene como final el llamado de Jesús a nosotros para servirle en una determinada vocación; sea el sacerdocio ministerial, la vida religiosa, el matrimonio, la vida en soltería. Cualquiera que sea la llamada de Dios implica un paso por la Cruz ya que al otro lado nos encontraremos con Aquél que llama, que pide respuesta y que invita a la entrega. Es Jesucristo.

¡Ánimo! ¡Sé feliz sirviendo al Señor a través de una vida con sentido! Rango descubrió que el Espíritu del Oeste lo estaba llamando a realizarse como héroe. Y a ti, ¿a qué te llama Dios?

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Jesús Aurelio Montero Solís.

** Imagen destacada tomada de imdb.com.

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