El otro día estaba leyendo un libro que mi mejor amiga me regaló (lo cual fue un reto, puesto que no me dedico mucho a la lectura), y encontré una historia que he ocupado desde la primera vez que serví en un retiro espiritual para jóvenes; de hecho, esa historia me sirvió a mí, espero en Dios haya causado un efecto de encuentro personal con Jesús a los jóvenes a quienes serví en esos retiros.

Esta historia, para contextualizar, trata sobre dos piedras preciosas que soñaban con ser la “joya” de alguien importante, pero terminaron aplastadas por el cemento, en un mural de mosaico; y como no entendían qué hacían ellas ahí, porque no estaba de acuerdo a lo que ellas soñaron, lograron desprenderse del mosaico. Al caer las piedras preciosas, se dieron cuenta que eran parte de un mosaico hermoso del rostro de Cristo y, estas piedras preciosas, eran la iris de los ojos de Jesús… pero ya caídas en la tierra, alguien que pasaba por el lugar donde habían caído, sin notarlas, las barrio y las tiró a la basura.

Sí, la historia parece trágica, pero también nos hace reflexionar y caer en cuenta que, aunque uno no siempre entienda los planes de Dios, el apegarte a ellos, por amor y fe, te llevan a la plenitud; lo contrario a ello, es decir, despegarte de estos planes, bueno, como a las piedras desprendidas, no terminan en nada bueno. Y no solamente eso…

Ahora, reflexionando más profundo en esta historia, la pregunta que se nos hace es, ¿cómo llegamos nosotros los jóvenes de hoy a tener un encuentro personal con Jesús?… Más aún en estos tiempos de indiferencia. Sin ser vanidoso, si estás convencido de que debes ser un Católico con Acción, de ser una oveja en medio del rebaño de Cristo, no te puedes alejar (ni privar) de los ojos de Jesús, no te puede faltar encontrarte con su mirada, debes de dejarte mirar primero por Él, debes de dejarte llenar por su mirada de misericordia, pues sólo a través de Su mirada, podemos amarle y amándolo podamos servirle, ya San Agustín lo dijo: “Mírame, Oh Dios, para que pueda amarte”.

Pero, ¿qué tiene que ver la mirada?… Jesús el Buen Pastor conoce a sus ovejas, pero para conocerlas a todas, tuvo que mirarlas, la mirada de Jesús hacia sus ovejas, es diferente a la nuestra; si tú vas por la calle o estás viendo televisión y ves, por ejemplo, mucha gente pasando por la vía peatonal, mucha gente cruzando la calle, etc., eso es lo que ves, MUCHA GENTE, ninguna es diferente, todas son Iguales para ti. Pero para Jesús, el Buen Pastor, cada una de esas personas es diferente, cada rostro es especial, cada uno en su ser y hacer tienen una historia única, conoce el nombre de cada una, sabe cual está triste, alegre.

Isaías 49,16 cita: “Llevo tu nombre escrito en la palma de mi mano”. Eso mismo dice el Señor para demostrar que nos ha visto a cada uno, que nos conoce, que su amor por nosotros es tan personal que no se dirige a todos de manera indiferente, si no de manera especial, uno por uno a la vez. Cuando Dios te mira, te mira con ojos de Buen Pastor y saca lo mejor de nosotros, su amor que todo lo abarca a través de su mirada de misericordia, hace que nuestros dones y capacidades se intensifiquen, por eso es importante que para ir y servir a los demás con los ojos de Cristo, te dejes mirar por Él mismo.

Pero, ¿por qué tengo que dejarme encontrar por la mirada de Jesús? Reflexiona lo siguiente:

  1. La mirada de Jesús es apasionada, así como muestra total misericordia, cariño y amor, manifiesta su descontento, indignación y tristeza ante la dureza de corazón (Ver Mc. 3,1-5; Mc. 10,21).

“Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»” (Mc. 10, 21)

  1. La mirada de Jesús anticipaba sus mensajes, era como la llamada de atención, el anuncio de algo grande… La caridad comienza por la mirada.

“Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios…” (Lc. 6,20).

  1. La mirada de Cristo salva, lo que salva es la mirada – decía Simone Weil – Una de las verdades fundamentales del Cristianismo, verdad con demasiada frecuencia desconocida, es ésta.

“Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.»” (Lc. 19,5)

Zaqueo sin duda fue salvado, sin duda, mediante la mirada de Jesús. Recordemos, Zaqueo, él es el que no lograba ver, pero es “visto”. Los otros que estaban ahí son los que antes o después “ven mal”: “al ver esto, todos murmuraban…”. Y es Jesús el que ve de otra manera, su mirada no se quedó en lo superficial, como en la corteza que crean los defectos y el mundo; Jesús rompe esa corteza y penetra en lo profundo de Zaqueo… y es ahí, en esa zona de misterio donde nadie más puede explorar, que Jesús encuentra otra persona, descubre un Zaqueo Nuevo, un Zaqueo Diferente, en definitiva, al Verdadero Zaqueo.

  1. La mirada de Cristo es reveladora, porque muestra al hombre mismo sus posibilidades, sus verdaderas dimensiones de ser. Al igual que Zaqueo, san Mateo se dejó encontrar también por esa mirada, mirada que le hizo conocer su verdadera vocación:

“Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió”. (Mc. 2, 14).

  1. La mirada de Jesús es penetrante, no necesita las palabras ni los gestos, te ve antes que llegues con Él, te conoce en tu fe:

“… y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor…” (Lc. 22,61).

“Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» (Jn. 1, 47-48)

  1. La mirada de Jesús ve a las personas como son, ser mirados por Jesús es vivir una experiencia de la verdad, basta con leer el pasaje de la mujer samaritana, que nos enseña también que la verdadera conversión es volverse al rostro de Cristo, es dejarse ver por Él, es abrirse a su mirada; el génesis nos muestra a Adán y a Eva que, por vergüenza, se esconden y no quieren ser vistos por Dios. Ser vistos por Jesús nos libra de la vergüenza, esa fue precisamente la experiencia de la samaritana que sale a testificar:

“Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»” (Jn. 4, 39)

  1. La mirada de Jesús es compasiva, solo la mirada de Jesús te ayuda a despojarte de cualquier cosa que te afecte; la mirada de Jesús no es la de un “observador” que está a la distancia, en un balcón, y sólo mira lo que acontece, sino la de alguien que encuentra, se involucra y comparte la existencia humana en sus realidades:

“Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.” (Mt. 14, 14)

  1. La mirada de Jesús es bondadosa, ve las emociones y sentimientos de todos, nos muestra la verdad más profunda de nuestro ser y nos mueve hacia Dios que es sumo bien:

“Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»” (Mc. 2,5).

  1. La mirada de Jesús es positivamente detallista, como cuando vio a la viuda y su ofrenda, nadie más vio este detalle, era realmente pequeño en comparación a otras grandes ofrendas; y es que Jesús está en sintonía con la realidad de las pequeñas cosas y de las personas sencillas:

“Alzando la mirada, vió a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.” (Lc. 21, 2-3)

  1. La mirada de Jesús es trascendente, si seguimos la mirada de Jesús terminamos en el Padre. Un encuentro con la mirada de Jesús no se queda a la mitad del camino, ayuda a cada uno de nosotros hasta que nos encuentra con Dios:

“Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?”. (Mt. 6, 26).

“Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?…” (Jn. 14, 9).

 

Déjate encontrar por la mirada de Jesús, pídele a Jesús encontrarte con Él y llenarte de su mirada; en tu oración diaria, esa petición es la más hermosa que puedes hacer porque ¿qué mejor que ver a Jesús?… ¡Ver su majestad!, pues quien se encuentra con Jesús nunca más vuelve a ser el mismo. Y no me refiero al que ve al Jesús que otros muestran o al que se lo imaginan, escuchando a otros hablar de Él, me refiero al que puede exclamar como María Magdalena “He visto al Señor” (Jn. 20, 18) o como Juan “lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos” (1ª Jn. 1, 3).

 Que al terminar de leer esto, tu oración sea:
“Señor vuélvete hacia mí y mírame con Ojos de Buen Pastor; encuéntrame, lléname de Ti y muéstrame el camino hacia Dios. Amén.”

Por tanto, siempre visita la capilla del Santísimo Sacramento, para dejarte mirar por Él; haz tuya la experiencia del buen hombre que al Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, le contestó, cuando este le preguntó que “por qué pasaba largo tiempo frente al sagrario” y este buen hombre le dijo: Yo le miro, Él me mira. Nada más.

Recuerda, cuando Jesús te ve, es cuando te encuentras con su mirada y te das cuenta que vas en el camino que te conduce hacia el Padre. Déjate guiar por esa mirada porque en la misma Humildad y Fe, te dejas envolver por el Verdadero Amor que te llena y te da la vida plena.

“Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»” (Mc. 10, 21)

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción David López.

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5 Comentarios »

  1. Muchas gracias!! por esta Reflexión.. que dara muchos frutos en aquellos que después de atreverse a leer hasta final tendran un deseo inmenso de encontrarse con la mirada de JESUS que como muy bien lo has dicho es apasionada, compasiva, reveladora,bondadosa, penetrante, etc. Por que después de un encuentro con su mirada no volveremos a ser los mismos.

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  2. Es verdad, el encontrarte con Jesus se hace el momento mas hermoso el saber que Jesus nunca se equivoca, y que a donde quiera que vayas el va contigo, Jesus debe ser siempre el cimiento firme donde tu colocas tu fe.

    Aveces, nos olvida que es la misa, como catolicos cometemos un error si en verdad la gente creyera que Dios se hace presente en la eucaristia no mascaria chicle no estaria en el telefono, estaria la gente atonita de saber que JESUS esta dentro de nosotros, nos hace falta fe, nos hace falta ser cordes a lo que decimos, para gloria de Dios, espero que este mensaje llege a mucha gente, por favor, no perdamos la fe, a que creer pero no creer cuando nos conviene a que creer en nuestro salvador, para poder darnos cuenta de que el nos mira con una mirada de amor.

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