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“El Bicentenario de nacimiento de Don Bosco nos lanza a todos en un camino de fidelidad a aquella misma llamada que él sintió, escuchó y que tradujo en su vida. Un año de fiesta por aquel regalo que es Don Bosco para la Iglesia y para su Familia.” – Don Ángel Fernández Artime, Rector Mayor de los Salesianos.

Con estas palabras el Rector Mayor de los salesianos, Don Ángel Fernández Artime, inauguró el Año del Bicentenario del Nacimiento de Don Bosco el 15 de agosto del pasado año 2014, con una celebración Eucarística en Castelnuovo. Este gran jubileo salesiano inició oficialmente el 16 de agosto del 2014, día del aniversario 199 del nacimiento de San Juan Bosco; hoy, 365 días después, la Iglesia y la Familia Salesiana se llenan de inmensa alegría al celebrar los 200 años del nacimiento del “Padre, Maestro y Amigo de los jóvenes”, Don Bosco, el santo de la Alegría.

Hay tantas cosas que se pueden decir sobre Don Bosco. Y es que las riquezas espirituales que podemos encontrar en el fondo de un corazón joven, que ama desmedidamente al Dios que ama desmedidamente a los jóvenes, son casi imposibles de guardar en unas cuantas palabras. Hoy nos unimos a la Alegría de Dios que se hizo vida en la persona de San Juan Bosco, festejamos el nacimiento de un santo alegre que halló su lugar entre los jóvenes que ama Dios, especialmente entre los más pobres y necesitados.

Es precisamente este título, el de Padre, Maestro y Amigo de la Juventud, el que engloba de mejor manera la vida de este gran santo de la Iglesia Católica. Ciertamente, Don Bosco le dio un nuevo y noble sentido a la paternidad, educación y amistad que debe reinar en la vida de todo cristiano que quiere ser como su Señor.

 

  1. Don Bosco Padre:

Podríamos pensar que referirnos a San Juan Bosco como “padre” se limita solamente a su papel de «Don» Bosco, sacerdote, adulto y protector amoroso de los jóvenes; en realidad, pensar en Don Bosco como padre nos remite a su infancia, nos remite a “Juanito”, aquel Juan Bosco niño. Juanito perdió a su papá cuando sólo tenía 2 años, éste fue el primer recuerdo de su infancia, a esa corta edad le dijeron “Juanito, ya no tienes padre” y este acontecimiento lo llevó desde muy pequeño a encontrarse con el Dios que sería su PADRE.

El Dios que le mostró su mamá, Margarita, el Dios que ella le enseñó a temer y amar, el Dios al que entregaría completamente su vida… Y así iba Juanito, riendo entre amigos, Rosario en mano, haciendo malabares, trucos y magia, con un sueño profundamente grabado en el corazón, mostrando siempre el rostro del Hijo de Aquella a quien su madre le había acostumbrado a saludar tres veces al día (nuestra Madre María), aquel Hombre que, llamándolo por su nombre, lo puso en frente de sus muchachos, enseñándole «la mansedumbre y la caridad», virtudes con las que debería «ganarse a esos amigos».

En fin, la paternidad de Don Bosco radica en su entrega a Aquel a quien el Espíritu nos enseña a llamar “Abbá”, Padre (cf. Gál. 4, 6) y en su empeño por mostrar a todos los jóvenes ese rostro del “Dios-Papá”.

  1. Don Bosco Maestro:

“Yo te daré la Maestra, bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio y, sin la cual, toda sabiduría se convierte en necedad”, le dijo en sueños “un hombre muy respetable, de varonil aspecto, noblemente vestido”, con un rostro tan luminoso que no se podía fijar en él la mirada, cuando Juan tenía unos nueve años (cf. M. O. Capítulo 15), quien tiempo después comprendería que era el mismo Jesús que le daba a su Madre María para que lo acompañara en el cumplimiento de un plan divino en beneficio de las almas.

Juan Bosco, quien siempre mostró un gran interés y una gran pasión por el estudio y la educación, deja su casa a temprana edad con el fin de perseguir su sueño de realización académica. Estos años de esfuerzo, trabajo y empeño no fueron en vano ni ajenos al plan que Dios tenía con Juan, sino que, al contrario, formaron parte fundamental en la edificación del proyecto de santidad que se mantiene hoy en día. Con iniciativas creativas y nobles como la formación de “La Sociedad de la Alegría”, Juan continuó jugándose la vida por los jóvenes que necesitaban de un Dios cercano a sus realidades.

Con juegos, estudio y evangelización, la sociedad vio crecer muchachos apartados del mal camino, que vivían bajo dos reglas sencillas: 1) Evitar toda conversación y todo comportamiento que desdiga de un buen cristiano; y 2) Cumplir con exactitud los deberes escolares y religiosos. Juan Bosco no habría logrado todo esto sin el Auxilio de la “Maestra Celestial”, de Ella aprendió la fe, la razón y la amabilidad que serían las bases del «Sistema Preventivo»; fue Ella quien intercedió por toda la obra de Dios en Juan Bosco. Todo esto lo entendió muy bien Don Bosco, recomendando y enseñando siempre a sus muchachos la incesante devoción y oración a María Auxiliadora, pues estaba completamente convencido de que “Ella lo ha hecho todo”.

  1. Don Bosco Amigo:

Llegamos al fin a conocer al San Juan Bosco que tiernamente llamamos «Don» Bosco, el Juan que se hizo sacerdote por amor a Dios, a María y a los jóvenes, el Juan que exclamaba siempre “dame almas y quédate con lo demás”. Don Bosco se hace Don, se ordena sacerdote, un 5 de junio de 1841, sirviendo alegremente como un verdadero y devoto sacerdote «en el altar, en el confesionario y entre sus muchachos».

El momento para el que Dios lo había estado preparando amorosamente tanto tiempo sucedió el 8 de diciembre del mismo año de su ordenación, día de la Inmaculada Concepción – sin duda alguna, la Madre Auxiliadora metió su tierna y maternal mano en esta locura de amor: Don Bosco iba fielmente a celebrar la Santa Misa, cuando encuentra al sacristán de la iglesia golpeando y maltratando a un joven pobre, llamado Bartolomé Garelli, porque no sabía servir en el altar; Don Bosco, indignado, se apresura a reprender al sacristán, implorándole que no le pegue al muchacho porque es su amigo, así integra a este jovencito a la misa y la Iglesia, interesándose por él, catequizándolo después de misa y ofreciéndole “pan, trabajo y Paraíso”. Éste fue el inicio del Oratorio de Don Bosco.

El oratorio fue el apostolado más fuerte de Don Bosco, la misión que le había sido revelada a los nueve años en un sueño, la obra que dio apertura a toda una obra de salvación de las almas, que hoy en día conocemos como Familia Salesiana. El oratorio, fue para los jóvenes de Don Bosco, y es para sus hijos de hoy, casa que acoge, escuela que educa, Iglesia que evangeliza y patio para hacer amigos. El Don Bosco que exclamaba cada día “¡Qué contento estoy de ser sacerdote!”, sacerdote con inmensa devoción a María y entrega a Dios y a las almas, donó su vida construyendo amistad con los jóvenes, para que estos jóvenes construyeran amistad con Cristo, María y la Iglesia. Don Bosco vivió como el Jesús que exclama “Ya no los llamo siervos sino amigos” (Cf. Jn 15, 15), y que en la Cruz entrega a su propia Madre en manos del discípulo más joven, que era el más querido. Don Bosco vivió, trabajó y murió por los jóvenes, haciéndose su amigo. Y es por eso que Don Bosco en los jóvenes vive hoy como Padre, Maestro y Amigo.

 

“Podéis anunciar a todos la misericordia de Jesús, haciendo «oratorio» en cada lugar, especialmente en los más duros; llevando en el corazón el estilo oratoriano de Don Bosco y mirando a horizontes apostólicos cada vez más amplios”, invitó el Papa Francisco a la Familia Salesiana en el inicio del Año Bicentenario de Don Bosco; pero éste no es un mensaje sólo para los que viven a Cristo al estilo de Don Bosco, sino para todo el que quiera vivir a Cristo, para todo el que quiera ser un verdadero cristiano.

Hace doscientos años la juventud vivía tiempos duros y terribles, explotados por la sociedad, marginados, desamparados; hoy en día, los jóvenes siguen siendo víctimas de la sociedad, atrapados en falsos valores, «valores que están pervertidos, que hacen mal» (Papa Francisco), siguen siendo desairados, haciéndoles creer que no pueden, que no lograrán nada, que no sirven para nada, siguen siendo desamparados, carentes del amor y el aliento de alguien que crea en ellos; es por esto que hoy más que nunca urgen cristianos, jóvenes cristianos, que quieran trabajar por el rescate de la juventud, el futuro de la Iglesia y el mundo, haciéndose como Don Bosco: padres que acojan y potencien el valor de los jóvenes como hijos de Dios, maestros que eduquen en la fe y en los valores humanos a cada muchacho que aún no sabe que puede ser bueno, todo esto cultivando una buena amistad que lleve al joven a Dios. Pues ya lo decía Don Bosco, “¡Cuántas almas se pueden atraer con el buen ejemplo!”.

Ahora más que nunca es necesario que cada joven cristiano se deje amar profundamente por Dios y guiar ciegamente por María para trabajar sin descanso por los jóvenes y la humanidad, porque como decía Don Bosco “La verdadera religión no consiste solamente en palabras; hace falta demostrarla con obras.”

Oremos al Padre, Maestro y Amigo de los jóvenes por cada joven cristiano que desee responder al llamado que le hace Dios, en palabras de Don Bosco: “Ayúdame a salvar muchas almas, pero primero la tuya”.

Oh, Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajaste por la salvación de las almas, se nuestra guía en buscar el bien de la nuestra y la salvación del prójimo, llévanos a las manos de María Auxiliadora, que de Ella nos sean alcanzadas infinitas bendiciones para cada miembro de la Familia Salesiana, cada padre y educador que invierte su vida en el crecimiento de los jóvenes, cada joven que es acogido en tus obras, para que, gracias a la juventud bien acogida y educada, llegue a la Iglesia y al mundo la alegría de una nueva humanidad.* Amén.

*Cf. Bendición del Papa Francisco a la Familia Salesiana en el inicio del Año Bicentenario.

 

Artículo escrito por nuestra colaboradora y Católica con Acción Eglis Cayama

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