matar-o-dejar-morir-esta-permitida-la-eutanasia

“Ningún hombre es dueño del soplo de vida, nadie puede disponer del día de su muerte…” (Eclesiastés 8, 8)

El 5 de junio de 2015, la Corte Europea de Derechos Humanos aprobó la eutanasia para Vicent Lambert, de 38 años de edad, quién sufrió un accidente automovilístico y permanece en estado vegetativo. La esposa y otros miembros de la familia utilizaron los recursos legales para autorizar su muerte, mientras que los padres de Lambert continúan luchando contra la cultura de la muerte para evitar que acaben con la vida de su hijo. Este caso establece un precedente jurídico para la aprobación de la eutanasia en toda Europa, dejando desprotegidos a los ancianos y enfermos que merecen ser atendidos con dignidad y afecto.

El filósofo Robert Spaemann razona diciendo que la petición de despenalizar la eutanasia paradójicamente se justificará con dos argumentos opuestos entre sí. Por un lado, que los hombres son personas y, por tanto, sujetos de autodeterminación incondicional; por otro, que determinados seres humanos no son personas, careciendo así de la dignidad humana y, por tanto, han de sobrellevar su eliminación por su propio interés o por el interés de otros.

La doctrina de la Iglesia Católica respecto a la eutanasia nos instruye afirmando que se trata de un homicidio contrario a la dignidad de la persona humana y a la ley de Dios (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica N° 2277-2279); así lo sostuvo también el Papa San Juan Pablo II en su Encíclica Evangelium Vitae: “Confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana” (N° 65). Por ende, su legalización crearía una intolerante presión social hacia los ancianos, enfermos y discapacitados; en cambio, la Iglesia promueve los cuidados paliativos, como una forma privilegiada de la caridad desinteresada.

El Beato Pablo VI reflexionaba: “Para quien cree en Cristo, las penas y los dolores de la vida presente son signos de gracia y no de desgracia, son pruebas de la infinita benevolencia de Dios, que desarrolla aquel designio de amor, según el cual, como dice Jesús, el sarmiento que dé fruto, el Padre lo podará, para que dé más fruto (Jn 15, 2)”.

Según el bioeticista Dr. Mario López Saca, los cuidados paliativos respetan la dignidad de la persona y su libertad, afirmando que son la única manera de mantener intacta la autonomía de los pacientes brindando atención terminal de buena calidad que considere los aspectos físicos y económicos tanto como los síntomas psicológicos, las relaciones interpersonales, las necesidades existenciales y espirituales; éste especialista en medicina paliativa explica que esta alternativa se logra respetando la dignidad de la persona en todo el proceso de la enfermedad terminal, sin embargo, existe un momento en el que éste ya no puede decidir y, por lo tanto, hay que replantearse el concepto de autonomía como la búsqueda del bien personal, que nunca será provocar la muerte, sino evitar el sufrimiento, dejando paso a la evolución natural de la enfermedad.

Esto en coherencia con el catecismo de la Iglesia cuando sostiene que la muerte no debe ser causada pero tampoco “absurdamente” retrasada; es decir, tampoco es aceptable el enseñamiento terapéutico y que la administración adecuada de calmantes, o la renuncia a terapias desproporcionadas que retrasan forzadamente la muerte a costa del sufrimiento del moribundo y sus familiares, son moralmente aceptables.

Nuevamente, San Juan Pablo II, al referirse al sufrimiento, decía lo siguiente: “El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pues bien, nosotros, cristianos, mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio. El cristiano sabe que, después del pecado original, la historia humana es siempre un riesgo; pero sabe también que Dios mismo ha querido entrar en nuestro dolor, experimentar nuestra angustia, pasar por la agonía del espíritu y el desgarramiento del cuerpo. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad” (24 de Marzo de 1979). Deseo terminar este artículo con la siguiente frase, palabras que nos invitan también a la reflexión sobre la eutanasia:

“Una muerte digna es humanizadora cuando respeta el proceso natural del final de la vida, lo rodea de afecto personal y provee los mejores cuidados” – Coalición Europa para Prevenir la Eutanasia

Artículo escrito por nuestra colaboradora y católica con acción Sara Larín

 

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