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“Inmaculado Corazón de María, sed la salvación del alma mía”

            Que hermosa es nuestra fe y grande nuestra Iglesia, que aún terminados los días de Pascua, tiempo festivo por excelencia entre los cristianos, nos propone en nuestro caminar una serie de fiestas que estimulan el alma, fortalecen la comunión y nos ayudan en nuestro crecimiento espiritual. Este día, justo después de gozarnos en el Sagrado Corazón de Jesús, contemplamos el Inmaculado Corazón de María, contemplando a nuestra Madre para mantenernos cerca del corazón del Hijo, Nuestro Señor y Salvador.

El corazón, es símbolo de la profundidad de lo humano y de la intimidad de la persona; el corazón es símbolo de vida y es motor de nuestro cuerpo. Con el corazón se siente, se viven las emociones y se ama, en el corazón también se guardan los mayores tesoros y afectos, siendo el lugar de interiorización por excelencia, allí donde el propio yo puede ser auténtico.

Pero el corazón de María no solo es humano, es corazón de madre, es corazón dividido en el amor de sus hijos, corazón que protege y endulza la existencia, corazón que acoge en su regazo, corazón que escucha y consuela, corazón que se entrega y sacrifica, corazón que fortalece y comparte, en fin, corazón que arde de amor por todos sus hijos.

Es curioso, pero el “corazón de María” aparece mencionado en el Evangelio: Cuando ocurre el nacimiento de Jesús en Belén, ante la visita de los pastores, el evangelista San Lucas expresa “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (San Lucas 2, 19); con este pequeño pasaje, la Palabra de Dios nos presenta el Corazón de Nuestra Madre y nos refiere su actitud de silencio y reflexión, ante unos acontecimientos que humanamente le parecían incomprensibles, pero que desde la fe, tenían sentido en la voluntad de Dios; es mismo Corazón que sería atravesado luego por una espada de dolor ante la cruz, se conmovía ante la adoración de los pastores. Contraste raro y hermoso a la vez el que se da en el corazón de María, pero fíjate en una cosa, siempre dirigido hacia Jesús.

Inmaculado es el Corazón de María, porque Inmaculada es Ella, quien mereció el don de la gracia divina para ser la Madre de Dios; Inmaculado su Corazón, porque ayudaría a formar el Sagrado Corazón de Jesús, compartiendo de principio a fin el amor de Dios por toda la humanidad en la obra redentora. Inmaculado su Corazón, porque es modelo de pureza para los cristianos que aspiramos a contemplar eternamente el rostro de Dios. Inmaculado porque solo el bien purísimo puede sobreponerse a cualquier mal, sea este fruto del odio, guerra, división, tristeza, enfermedad u otros.

Inmaculado el Corazón de María, sí, con toda razón, así lo quería Dios, cumpliéndose en efecto aquellas palabras de Nuestra Señora en Fatima, Portugal “al final, mi Corazón Inmaculado Triunfará”. El Corazón de María, guarda a Jesús como su tesoro más grande y a Él nos lo presenta, con Él camina, vive, siente y a Él alaba y adora por la eternidad. Corazón de Madre unido siempre al Corazón del Hijo, diálogo eterno de corazón a corazón por amor a nosotros los hombres.

Hoy te invito a que entres en tu propio corazón y desde esa intimidad de hijo o de hija, te sumerjas en el Corazón Inmaculado de Nuestra Madre María a través de la oración y la contemplación; ya estando allí, descansa en María y deja que el amor de Dios te acaricie con ternura de Madre. En esa intimidad y cercanía, cuéntale cómo te sientes a Ella que te quiere tanto y dile que te acerque un poco más al Corazón de su hijo Jesús. Guarda silencio y trata de guardar en tu corazón este momento, para que sea tu fortaleza en cualquier momento del día.

Este día, que mejor celebración al Inmaculado Corazón de Mará que acompañar su silencio oblativo, contemplando con Ella a Jesús cautivo en el Sagrario por amor a ti, preséntate como ofrenda viva, agradable, perfecta y santa, porque estarás junto a la Madre del Señor. Toma tu Rosario, ponte de rodillas ante el Sagrario y corona el Inmaculado Corazón de María con Aves Marías para la gloria eterna de Jesús.

“Omnipotente y sempiterno Dios, que preparaste en el Corazón de la Bienaventurada Virgen María una morada digna del Espíritu Santo, concédenos que los que recordamos devotamente esta festividad de este mismo Inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo, por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.”

 

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Ernesto Martínez

 

 

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3 Comentarios »

  1. Oración de consagración:

    Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Haz que la llama de tu Corazón, oh María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime el amor verdadero en nuestros corazones. Haz que nuestros corazones tengan un deseo continuo de Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón. Acuérdate de nosotros cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Por medio de tu Corazón Inmaculado y materno, haz que seamos sanados de toda enfermedad espiritual. Haznos capaces de contemplar la bondad de tu Corazón maternal, a fin de que podamos convertirnos por la llama de tu Corazón. Amén.

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