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 “Los proyectos de su Corazón subsisten de edad en edad, para librar de la muerte la vida de sus fieles, y reanimarlos en tiempos de hambre” (Salmo 32, 11. 19)

 

Recuerdo que eran las 2:30 de la mañana, hacía frío porque era la época decembrina, estaba en la biblioteca de la casa en donde también había escritorios, material de papelería, etc. Ahí me encontraba, desvelándome haciendo unos angelitos de papel y pintándolos de colores; este iba a ser mi regalo para la niña de mis ojos, con quien había estado saliendo desde hace algún tiempo y por tanto, quería tener un bonito detalle con ella con ocasión de la Navidad.

La verdad no me importaba mucho el desvelo de aquél momento, mi corazón latía de alegría con tan sólo imaginar la sonrisa de la que fue “mi princesa” en esos años. Así es el amor, cuando llega a esos niveles, no importa el sacrificio con tal de ver feliz a la persona amada; con ese pensamiento, mi corazón seguía latiendo: Las emociones, mi alegría de verla a ella alegre y todas esas emociones, afectos, todo ese conjunto que hacen del amor humano algo tan bello, único, misterioso e impresionantemente atractivo.

Con los años, mi corazón se dejaría conquistar por otro Corazón que, por Su Belleza, la pureza de Sus latidos y Su Generosidad, me movería desde lo profundo a corresponderle aunque fuese un poco, a darle una oportunidad, ese Corazón tan Magnánimo que me esperó y esperó tan larga y pacientemente por años, hasta que le abrí las puertas del mío de par en par.

Los proyectos de su corazón, sus pensamientos… Los latidos del Corazón de Cristo perduran verdaderamente de edad en edad; ¿por qué? Esto es un gran misterio, que el Señor nos ame a pesar de todo, a pesar de tener el Corazón atravesado por nuestras infidelidades y pecados, esto es un gran misterio. Este viernes, en la solemnidad del Sagrado Corazón, escucharemos a San Pablo en la segunda lectura diciendo: “En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque pueda haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores” (Rm. 5, 6-8).

Estos son los proyectos y los pensamientos del Corazón de Cristo: Dar la vida libremente por ti, por amor, para librarte de la muerte y reanimarte en tiempo de hambre, este es el amor de Cristo que hoy queremos adorar, corresponder, consolar y reparar en este día, tan pero tan especial para toda la familia católica en el mundo.

¡Sí, esta Solemnidad es motivo de un enorme gozo para todos nosotros! Una celebración muy propia de nuestra Fe católica, totalmente cristocéntrica y eclesial, ya que celebramos el gran amor de Cristo hacia nosotros, hacia Su Iglesia, Su Esposa, “hasta dar la vida por ella”, sobre todo en estos últimos tiempos en que el Señor Jesús ha querido embellecerla con una gran diversidad de dones y carismas, para la mayor Gloria de Dios y la salvación de las almas.

En estos días previos y posteriores a la celebración del Sacratísimo Corazón de Jesús busquemos contemplar, en el silencio de nuestra habitación, en el recogimiento de las capillas de adoración, aquél costado herido de Cristo escuchando estas palabras: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor, el cual, con inmenso amor, se entregó por nosotros en la cruz e hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre con gozo de la fuente de la salvación; por eso, con los ángeles y los santos te alabamos diciendo sin cesar, Santo, Santo, Santo….” (Prefacio de la misa votiva de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús).

Quisiera compartir estas bellas palabras del prefació que creo encierran gran parte del significado de esta fiesta espiritual: “… para que todos atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre con gozo de la fuente de la salvación”.

 

Hemos sido atraídos

Al Corazón abierto del Salvador; a una misma Fe y misión común que ha brotado de este costado herido. Quizás muchos de ustedes conocen o han visto la imagen del Sagrado Corazón de Jesús abrazado en llamas, con una corona de espinas y otra cruz que brota de la parte superior del Corazón de Cristo, y que también está envuelto en llamas… Al ver esta imagen recuerdo a tantos hombres y mujeres que se dejaron conquistar por este Corazón, que lo dieron todo para que Jesús fuese más conocido y amado en el mundo.

Con cariño recuerdo a un sacerdote religioso irlandés, de aproximadamente 70 años de edad que, en aquel tiempo, en misiones en México, iba de pueblo en pueblo celebrando sacramentos, escuchando confesiones horas y horas, desde la mañana hasta bien entrada la noche; un sacerdote austero, que vivía con lo necesario, que convivía de forma natural y amena con la gente sencilla y humilde de los pueblos, que tocaba la guitarra para hacer pasar un rato agradable a los niños y que convivía con los jóvenes universitarios que estábamos con él de misión. Un sacerdote que en esos años llevó el peso de dirigir una universidad y hacerla verdaderamente católica, para que así fuese un contrapeso real y eficaz en ambiente secularizado y marcadamente anticlerical.

Como este sacerdote he conocido muchas personas, católicas y católicos que se han comprometido con el amor del Corazón de Jesús, que abrazan la Cruz del Señor por el inmenso amor que Él les ha tenido y que, por ese mismo amor, se lanzan en el apostolado a buscar la instauración de Su Reino, con la mirada y el corazón tan lleno de paz y alegría que dejan el “buen olor de Cristo” por donde quiera que pasan.

 

El Corazón abierto del Salvador

El apóstol Tomás pidió la prueba de meter la mano en el costado abierto de Cristo para creer en su Resurrección. Cristo había muerto para Tomás y, de alguna forma, todo estaba acabado; él estaba fuera buscando en otros lugares lo que había perdido con la muerte del Señor. Sin embargo, llegó aquella noche donde Jesús resucitado dio un enorme regalo al apóstol Tomás, un súper regalo: San Juan pudo reclinar la cabeza sobre el pecho de Jesús, pero Santo Tomás pudo de hecho, tocar con su mano el Corazón del Señor y creer: ¡Señor mío y Dios mío!

 

¡Bebamos de la fuente de salvación!

Ya lo decía el Papa Pío XII en su encíclica Haurietis Aquas: “Innumerables son, en efecto, las riquezas celestiales que el culto tributado al Sagrado Corazón infunde en las almas: las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas…”, y agrega el mismo Papa: “Y aquí está la razón de por qué el culto al Sagrado Corazón se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana. Verdaderamente, la religión de Jesucristo se funda toda en el Hombre-Dios Mediador; de manera que no se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo, conforme a lo que El mismo afirmó: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Jn. 14, 6).

Ésta es la buena noticia, el Sagrado Corazón de Jesús nos da muchísimos regalos y gracias espirituales; quizás el más importante de todos estos regalos es que el Corazón Sagrado de nuestro Señor vivió, murió y resucitó para que no tengamos ya miedo y para que, desde hoy, solamente fijemos nuestros ojos en Jesús. En la cruz nuestro Señor ha tomado todo el pecado y todas esas zonas negras (y tenebrosas) de nuestra vida, tanto personal como de familia, y las ha borrado para siempre, las ha destruido. ¡Somos libres! ¡Esta es la verdad que nos hace libres! Y aún más, no solamente fue el amor de Dios que nos ha liberado, sino que fue el amor divinamente humano, el amor humano de Jesús que nos lavó de nuestros pecados con Su Sangre, que lo conmovió y emocionó, que lo movió en afectos tan profundos, tan puros, tan llenos de amor, hacia ti y hacia mí, que sólo queda contemplar este Corazón divinamente humano y amarle con todas nuestras fuerzas.

En esta Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús por lo tanto, toquen al Señor, metan el dedo en las huellas de los clavos y toquen con su mano la herida de Su costado, y pidan a este Corazón que encienda en nosotros una Fe viva, operante y luminosa en nuestra vocación y misión, una confianza gozosa e inquebrantable en el don de Dios que hemos recibido en nuestra Fe Católica; y, finalmente, un amor muy grande a Jesucristo nuestro Señor, a la Eucaristía, a María, a la Iglesia, a las almas encomendadas, para así ser fermento en una masa inerte e infeliz, a menudo profundamente infeliz por falta de Cristo.

“¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!”

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción H. Ignacio Bello, L.C

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