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“Somos nosotros, es nuestra vida, la única Eucaristía de la que se alimenta el mundo no cristiano”. – F.X Ngyen Van Thuan.

El discípulo amado de Cristo es un grano de trigo andante, que recoge más trigo para hornear el Pan de Vida Eterna, para hacer Eucaristía, siendo Eucaristía.

Ser Eucaristía significa entregarse por entero, entregar cada parte de tu ser «como cordero que es llevado al matadero». Es tomar la cruz de nuestro pecado y morir a él, siguiendo a Jesús, más aún, imitándolo; ser como Él, su perfecta imagen y semejanza: que cuando el mundo vea a un cristiano católico caminar pueda decir de él como una vez dijo el Bautista del Hijo de Dios, «ese es el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (San Juan 1, 29). Ser otros «corderos de Dios» en el mundo, siempre dóciles a la Voluntad Divina, dispuestos a traer de nuevo la salvación al mundo, listos a salir y decirle al hermano “¡Hey! Tú eres digno del cielo, tú también puedes ser santo”. Eso es ser Eucaristía.

¡Qué gran privilegio, qué maravilloso honor el haber sido llamados a la fe católica! Pues sólo el católico puede recibir al Cristo hecho verdadera persona, en su Cuerpo y su Sangre, en cada Misa y, según la propia palabra del Verbo Encarnado cuando dijo que «el que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá igual premio que el profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, recibirá el mismo premio que el justo» (San Mateo 10, 41), recibir el mismo premio que su Señor, – porque recibe la Sagrada Eucaristía por ser Cristo – es decir, el ser verdadero hijo de Dios, el ser santo.

El que come y bebe el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la Eucaristía, come y bebe la Salvación, come y bebe la Santidad. Esto no es sólo una idea bonita, es una misión: Entrar en la Iglesia para llenarte de Dios, salir de ella – incluso, salir de ti – para llevar a Dios al prójimo, a todo aquel que tiene hambre y sed de Él y busca saciarla en falsos amores, a todo el que no cree en Él, a quien no se puede acercar a Él, a todo el que está a tu lado y necesita de Él, pero tiene miedo de acercarse o no conoce el camino; este es nuestro llamamiento: no ser cristianos para nosotros mismos, sino para el mundo que no conoce y necesita de Cristo, y que al ser nosotros verdaderamente de Cristo, todo el que nos reciba por ser de Cristo reciba con nosotros el premio del que nos gozamos: a Cristo.

¡Qué inagotable fuente de Misericordia Divina es la Eucaristía! Es Cristo quien en ella nos da de comer su divinidad y nos exhorta a ser como Él, sacrificio agradable ante el Padre.

A esto está llamado todo cristiano, a ser otro Cristo en la tierra, a ser Eucaristía para el mundo, ser una acción de gracias elevada a Dios, porque el «hágase tu Voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo» que nos pidió el mismo Jesús que rezáramos, no se cumplirá solo, requiere de nuestro sometimiento a su Voluntad, requiere de nuestras manos, necesita de nuestro cuerpo y nuestro ser enteros.

Y si crees que es demasiado para ti, que es una tarea muy difícil y te detiene el recuerdo de tus debilidades, mira a María, llama a María, Ella que vivió siendo Eucaristía te acompañará en tu caminar.

Artículo escrito por nuestra colaboradora y católica con acción Eglis de Jesús Cayama

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8 Comentarios »

  1. hermoso articulo ya lo decía el Santo Padre pio, la Eucaristía es como estar en el cielo.
    no hay otro sagrario mejor que nuestro corazón para recibir su cuerpo y su sangre.

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