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“Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha del Padre” (Colosenses 3, 1)

Me encontraba sentado en la sala de la casa… había llegado el momento; empecé mis labores ordinarias, pero la verdad yo pensaba en ese partido distrayéndome por momentos de lo que tenía que hacer. Llegó el momento, encendí el televisor y el árbitro dio el silbatazo inicial, ¡Empezaba el partido! Y el comentarista daba inicio a su apasionada narración: “¡Empiezan 90 minutos del deporte más hermoso del mundo!”… Y empezó la semifinal de la Champions League entre la Juventus de Turín y mi amado equipo el Real Madrid. Me gusta mucho el fútbol y ese partido no me lo quería perder. Era el segundo tiempo, el Madrid ganaba el juego, pero yo estaba nervioso, si empataban al conjunto al Madrid éste quedaría fuera y así sucedió: La Juventus logró anotar el gol y así el Madrid perdió… No sé porque pero me puse a pensar en los jugadores que con esa derrota se les acababa toda la temporada y sin haber ganado nada.

Varias preguntas vinieron a mi cabeza: ¿Qué habría en la cabeza de todos ellos? ¿Qué tanto se preparan para estos momentos y que al final no consiguen el objetivo? ¿Cómo mantendrían su motivación?… Finalmente, ¿Cuál sería el sentido de la vida de estos jóvenes jugadores? ¿Ganar la copa de campeones solamente? ¿Qué pasaría con los demás jugadores? Sólo un equipo puede ser campeón, esto quiere decir que ¿Sólo el equipo ganador es el que le logra dar sentido a tanto esfuerzo y sacrificio?… No sé qué pienses tú pero creo que debe haber algo más.

Y también pensé en ti joven católico, en tu generación. La competencia no sólo se vive a nivel deportivo sino en muchos otros contextos donde te veo inmerso luchando por encontrar un lugar en espacios donde muchos participan y pocos ganan, al menos en ese sentido que nuestro mundo le da a la victoria. Pienso en ti y me pregunto ¿Qué respuesta te puede dar la Fe Católica a ti que enfrentas un mundo hostil, competido y en cierta medida deshumanizado?

Decía San Pablo “Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha del Padre” (Col 3, 1). Hemos finalizado el tiempo pascual y en los domingos anteriores celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor y Pentecostés, respectivamente. Jesucristo finaliza su peregrinaje en este mundo después de su resurrección y regresa a su casa, al Cielo en donde nos espera sentado a la derecha de Su Padre; el Señor se va, pero sabemos que no nos ha dejado solos, como tampoco dejó a sus apóstoles; esa es la experiencia de San Pablo, que nos comparte hoy al decirnos, exhortando, casi mandando lo siguiente: “Busquen las cosas de arriba donde está Cristo”.

El corazón joven, tu corazón es especialmente dinámico, quiere más, no se deja satisfacer con cualquier cosa, sino que busca y quiere más verdad, más bien, más belleza… en una palabra, no solamente algo, sino a Alguien que de verdad llene el alma, que de verdad llene tu alma.

No soy ningún ingenuo, hay que luchar, hay que trabajar, hay que moverse en este mundo; “ora et labora” decían los religiosos medievales, hay mucho “labora” por hacer, lo sé por experiencia propia y la de tantos otros amigos, pero también yo me puedo preguntar ¿Qué tanto pongo en práctica el “ora”? Seamos sinceros, llevar una vida espiritual no es algo fácil, menos aún para el joven de hoy que vive inmerso en diversas actividades y responsabilidades, es todo un reto. Sin embargo es una meta que es alcanzable: ¡Sí se puede llevar una vida espiritual! La clave está en donde pongamos la atención de nuestro corazón; para esto nos puede ayudar mucho ese consejo que nos deja San Pablo: “Busquen las cosas de arriba donde esta Cristo, sentado a la derecha del Padre”… Si tenemos claro el fin tendremos claro los medios, las cosas de arriba.

“¿Cómo buscar las cosas de arriba?” O quizás la pregunta correcta sea: ¿Cómo hacer que las cosas de arriba hagan la diferencia en nuestra vida de aquí abajo? Dos consejos creo, muy prácticos, que nos pueden ayudar a que las cosas de arriba, tengan significado en nuestra vida aquí abajo: Si quieres, joven católico, que las cosas de arriba tengan un significado en tu vida aquí abajo, necesitas UN COACH y UN EQUIPO.

UN COACH… quizás has visto estas películas como “Lucha de Titanes” (Título original en inglés “Forever Strong”), en donde el coach tiene un papel fundamental, conoce a su gente, motiva, exige, pero también sabe escuchar, acompañar, aconsejar, consolar. En tu camino, en la vida espiritual, necesitas un “coach”, un amigo que te ayude a estar cerca de Dios, a crecer como cristiano, como católico. Hace unos días platicando con un joven, me decía que no hay nada mejor que tener un amigo sacerdote, es una experiencia genial, y yo, dando vueltas en mi cabeza a lo que me decía, llegué a la conclusión que ese joven tenía esa buena experiencia porque su coach espiritual le amaba. Sí, necesitas un coach espiritual, alguien que te conozca y te ame, porque amándote ese coach sabrá llevarte a Dios, es decir, te ayudará a “buscar las cosas de arriba”.

UN EQUIPOUna de las mejores experiencias que tengo de mi universidad es la vida de equipo, que se convirtió después en una vida de amistad, de profunda amistad con esos amigos que tanto me ayudaron a ser mejor, a no perderme, sino a estar cerca de Cristo; yo creo que lo que nos llegó a unir tanto fue nuestra amistad común con Cristo. Algunos de nosotros nos conocimos en la universidad, otros en el apostolado, de donde vinieran, lo importante fue que nos queríamos de verdad y que queríamos vivir coherentemente nuestra Fe en un medio y ambientes que no eran nada fáciles.

Todos necesitamos de un “equipo”, necesitamos de una “familia espiritual” que nos apoye, nos motive, donde seamos escuchados, que compartamos una misión común; necesitamos un equipo con el cual trabajemos juntos para que las cosas de arriba hagan diferencia en nuestra vida aquí abajo. Estoy seguro que ese equipo se hará realidad cuando empieces a buscar las cosas de arriba, cuando tu corazón de verdad busque las cosas de arriba, porque con tu ejemplo arrastrarás a muchos otros y juntos podrán hacer que esas cosas de arriba se hagan vida en tu vida y en la de tus amigos, aquí abajo.

Hay muchas cosas que nos llaman la atención, pero muchas de ellas, casi todas, pasan; lo único que permanece es la forma con que hayas vivido esta vida, es decir, el amor con que hayas buscado las cosas de arriba, la entrega que viviste para hacer realidad esas cosas de arriba en tu vida y en la vida de muchos aquí, abajo. Sí se puede, haz la prueba y verás lo bueno que es el Señor cuando los pones en el centro de tu vida, cuando le das el primer lugar, haz la prueba y verás que todo lo demás que estás buscando te “será dado por añadidura” (Mt 6, 33).

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Ignacio Bello.

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