5-consejos-para-una-madre-ignorada

En diferentes fechas de mayo se festeja el día de las madres en la mayoría de nuestros países. Por ejemplo en España la celebración fue el primer domingo del mes; en Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela… por mencionar algunos, es el segundo domingo del mes. En mi país El Salvador, y también en Guatemala y México lo celebramos el 10 de mayo (este año caerá domingo, por lo cual habrá fiesta en casi todo el continente ese día). Es por ello que hoy quiero dedicarle estas líneas a una madre que algunas veces es olvidada: nuestra Santa Madre Iglesia.

Pero por qué a la Iglesia la consideramos como nuestra mamá. Madre Angélica de EWTN lo expresa de forma magistral: “La Iglesia es Madre porque es una Esposa (de Cristo) que está siempre dando a luz hijos de la luz, pilares de santidad, fuentes de inspiración, atletas de la verdad, y defensores de la fe” (Les recomiendo leer su artículo “Mi Madre: La Iglesia”).

Desde niños nos aprendimos los diez mandamientos, y aunque a algunos nos costó más que a otros, el reto más difícil es ser fiel y cumplirlos durante nuestra vida. El cuarto mandamiento, “Honrarás a tu padre y a tu madre”, encabeza la segunda sección de mandamientos enfocados en el amor a nuestro prójimo. ¡Que hermoso es Dios que pone en primer lugar a nuestra familia! (Catecismo de la Iglesia Católica, N° 2197): “Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que nos han transmitido el conocimiento de Dios. Estamos obligados a honrar y respetar a todos los que Dios, para nuestro bien, ha investido de su autoridad”.

Hoy quiero darte cinco consejos basados en nuestro Catecismo de la Iglesia Católica para aprender a honrar a nuestra Santa Madre, La Iglesia, y que de paso te servirán como recordatorio para aplicarlo en la relación que tienes con tus padres.

  1. Respétala

(Catecismo de la Iglesia Católica, N° 2214) “El respeto de los hijos, menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre (Cf Pr. 1, 8; Tb. 4, 3-4), se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une.

Nuestra forma de referirnos hacia sus representantes como el Papa Francisco, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y demás vidas consagradas debe ser de estricto respeto. Esta actitud también incluye a los sacramentos, la doctrina en general, y demás aspectos fundamentales de nuestra fe que mencionamos en el Credo de Nicea Constantinopla. Finalmente me quiero referir a la forma cómo nos comportamos y a la vestimenta que utilizamos en celebraciones litúrgicas, o en las distintas tradiciones en las que participamos. Pregunto: ¿Esto es lo que se merece nuestra amada Iglesia de nosotros?

  1. Sé agradecido con ella

(Catecismo de la Iglesia Católica, N° 2215) El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia.

Me encanta la cita con la que cierra este numeral del Catecismo: ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho? (Si. 7, 28). Y es que la Iglesia lo ha dado todo por ti a lo largo de su historia. Con sus errores y aciertos, ha permanecido y perseverado por más de dos mil años. ¿Qué has hecho tú por ella? ¿Qué tanto te has involucrado en trabajar para ayudarle en su misión? ¿Cuánto tiempo a la semana le dedicas al servicio en tu parroquia o movimiento? ¿Has identificado algún problema? ¿Cuál solución propondrías para minimizar esa situación? ¡Ánimo! No estás solo. Somos millones de jóvenes en todo el mundo tratando de cambiar la realidad con nuestro testimonio y dándole una esperanza a nuestro presente (Ya falta poco para la JMJ #Krakow2016).

  1. Es simple: obedece

(Catecismo de la Iglesia Católica, N° 2216) El respeto filial se expresa en la docilidad y la obediencia verdaderas. “Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre […] en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar” (Pr. 6, 20-22). “El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la reprensión” (Pr. 13, 1).

Por más que quise acortar este numeral, no pude. ¡Es buenísimo y queda muy claro! Me gustaría complementarlo con algo que muchas veces es motivo de conflicto en las parroquias y grupos juveniles: la relación entre los líderes y vos. Ten en cuenta que por algo Dios les ha designado esa responsabilidad, y que a pesar de sus defectos (todos los tenemos) a ellos también le debemos respeto, docilidad y obediencia. Trata siempre propiciar un ambiente de armonía y hermandad, y no sembrar la discordia.

  1. Aporta de lo que tengas

(Catecismo de la Iglesia Católica, N° 2218)”El cuarto mandamiento recuerda a los hijos mayores de edad sus responsabilidades para con los padres. En la medida en que ellos pueden, deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento”.

¡Ayúdale a la Iglesia! No basta con donar tu tiempo y tus ideas. También es importante colaborar económicamente en las diferentes colectas. ¡Tu parroquia lo necesita! Que tu aporte sea proporcional a tus ingresos. No importa la cantidad, lo importante es que sea sincero y venga del corazón. Pero si tienes más, lo ideal es que ayudes con más. ¡Despréndete de lo material de una vez! 😉

P.D.: Les recomiendo seguir leyendo el numeral 2218 del Catecismo, porque nunca lo debemos olvidar para con nuestros padres y madres.

 

  1. Sé buen hijo, pero también buen hermano

(Catecismo de la Iglesia Católica, N° 2219) “El respeto filial favorece la armonía de toda la vida familiar; atañe también a las relaciones entre hermanos y hermanas. El respeto a los padres irradia en todo el ambiente familiar. “Corona de los ancianos son los hijos de los hijos” (Pr. 17, 6). “[Soportaos] unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia” (Ef. 4, 2)”.

Como lo dije anteriormente todos tenemos defectos y cometemos errores. Lamentablemente muchas veces nosotros mismos nos convertimos en piedra de tropiezo para otros hermanos en la fe (y me incluyo). Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude siempre a tomar las mejores decisiones, y a nuestro Señor que moldee nuestro corazón y lo haga similar al de Él; para amar, pero también para perdonar; para no ser soberbios y para tener la capacidad de pedir perdón. ¡Somos hijos de un mismo Padre!

Espero haberte hecho pensar por lo menos con uno de los numerales anteriores. ¡Ese era mi propósito! Sin embargo, no olvides también hacerlos vida en tu casa con aquellas personas que te dieron la vida o que han estado a cargo de ti… Aunque muchas veces se hayan equivocado contigo. Lastimosamente no existe un curso llamado “Cómo ser los padres perfectos”; te cuento un secreto: ¡Ellos te aman! Y siempre han querido lo mejor para vos. Dios los puso por una razón y probablemente todavía no lo sabes.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex. 20, 12; Dt. 5, 16).

A mi mamá: ¡Te amo! Feliz día de las madres. Le doy gracias a Dios porque no pudo haberme mandado mejor persona como vos.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Lee Aguiñada.

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