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“Pero Jesús, mirándo los, les dijo: Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible.” (Mateo 19, 26)

La vida está llena de grandes retos y, sobre todo, dificultades para alcanzar lo que tanto queremos. El peor error de un ser humano es detenerse ante los obstáculos que son ocasionados por sí mismos o por el deseo negativo de quien en su egoísmo no permite que otros avancen y triunfen.

¿Quién nos dijo que la vida iba a ser fácil? Todo en la vida cuesta. Cuesta alcanzar nuestros sueños, cuesta lograr nuestros objetivos, cuesta iniciar un proyecto, cuesta finalizar un ciclo. Pero lo que no cuesta es decidirse a tener la voluntad de trabajar y luchar con valentía para que todo aquello que queremos lo logremos.

En nuestro camino hacia el triunfo escucharemos muchas voces que nos dirán que nuestro sueño es imposible. Nada en la vida es imposible. Para quien ama su sueño, para quien cree en lo que hace, para quien lucha por lo que desea no hay imposibles. Esa palabra no existe en la mente de los que luchan y son valientes.

Nuestro mundo; la iglesia, la universidad, la familia y la sociedad en general necesitan hombres valientes que sean capaces de darse por completo a una causa. Nuestros sueños valen la pena, nosotros valemos la pena, la vida misma vale la pena. Y por ese gran valor no podemos renunciar a lo que anhelamos.

Al final del camino, cuando lleguemos a la cima, comprenderemos que todo el esfuerzo, el cansancio, los problemas, desilusiones y malas experiencias han valido la pena.

“¿Acaso no soy yo el que te ordeno que seas fuerte y valiente? No temas ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas”. (Josué 1:9) No lo dudemos, Dios jamás se aparta de nosotros. Somos nosotros quienes nos apartamos de Él. En medio de nuestra lucha recordemos que Él está a nuestro lado esperando que le tomemos la palabra y nos pongamos a trabajar juntos para lograr nuestros sueños.

Dios anhela para nuestra vida lo mejor. Él quiere que triunfemos, que vivamos con alegría y paz. Pero esto no será posible si vivimos alejados de Él. Parte del triunfo es la práctica de la espera, las cosas se van a dar cuando sea el momento indicado, cuando más nos convenga. Dios no se cansa de ayudarnos aun cuando solo lo buscamos en momentos de dificultad.

Si ahora mismo estás luchando por alcanzar una meta y tienes muchas dificultades no te desesperes, recuerda que quien ahora triunfa y vive feliz ha pasado por miles de problemas como tú. La mediocridad y tibieza debemos dejarlas a un lado. Saquemos de cada problema una ventaja, ¿te recuerdas del tesoro de los problemas? Cada problema trae consigo un tesoro, identifícalo y aprovéchalo.

Recuerda que la vida y nuestros sueños valen la pena. No dejemos de luchar y ser valientes.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Abraham Soto

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