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DESCUBRIENDO EL DESEO DE DIOS POR LA ORACIÓN

«Queridos hermanos y hermanas, aprendamos a pasar más tiempo ante Dios, ante Dios que se ha revelado en Jesucristo, aprendamos a reconocer en silencio, dentro de nosotros mismos, su voz que nos llama y nos reconduce a la profundidad de nuestra existencia, a la fuente de la vida y la salvación, para superar el límite de nuestra vida y abrirnos a la medida de Dios, a la relación con Él, que es infinito Amor» (Benedicto XVI)

Inicialmente, cuando pensé en escribir este artículo tenía le idea que debía desarrollar solamente unos cuantos “tips” sobre la oración, para ayudar a aquellos católicos con acción a mejorar su diálogo con Dios; pero, preparándome mejor para escribir este aporte, al leer algunas catequesis que Benedicto XVI desarrolló sobre la oración descubrí que, más que cualquier idea práctica sobre la oración, lo que realmente necesita cualquier cristiano es tener un “deseo de Dios” que le ayude a reconocer su voz. Y más que su voz, su autoridad y su presencia. Aunque no he abandonado la idea inicial de este artículo, más bien espero que estas líneas ayuden a muchos de ustedes a encontrar ese “deseo de Dios” y que teniéndolo arraigado en su corazón se animen a continuar creciendo y perseverando en su oración personal.

En primer lugar, observemos algunas preguntas frecuentes que muchos cristianos católicos nos hacemos constantemente en este camino de la oración: ¿Por qué siento casi siempre que mi oración es infructuosa? ¿Será que tiene sentido orar si eso no me llena? ¿Para qué oro? ¿Dios realmente me escucha?… puedes agregar tus propias preguntas, pero lo curioso es que, sean las interrogantes que sean, la respuesta a esas preguntas se encuentra precisamente en la oración misma. Si no oras, por más que pienses o analices, no lograrás obtener ninguna respuesta que te satisfaga completamente; lastimosamente lo que le sucede a muchos cristianos es que, ante la duda, les es más fácil responder dejando de lado la oración y ya no seguir buscando, abandonar el barco en vez de luchar contra la tempestad.

Esto suele pasar en la vida del cristiano, independientemente de la experiencia o madurez en la fe que se tenga, la desesperación y la duda tratan de ganar la pelea en el corazón del creyente, aún y cuando se sepa que el Señor mismo está allí con nosotros. Le sucedió a los apóstoles por ejemplo, así lo narra el Evangelio según San Marcos 4, 35-41 que cuando Jesús y sus discípulos cruzaban hacia la otra orilla del lago se desató una gran tempestad, tanto que “las olas se estrellaban contra la barca”; luego, el evangelio parece voltear la cámara no hacia afuera de la barca (la tormenta), sino hacia adentro y nos dice que “Jesús dormía en la popa…”, a quien lo discípulos despertaron diciéndole “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”. El desenlace de esta historia lo conocemos, la tempestad fue calmada por Jesús, quien al final de tanto les dijo a sus discípulos: “¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?”. En otras versiones de este mismo pasaje del Evangelio, las palabras de Jesús aparecen aún más duras: “Hombres de poca fe”. Bueno, pero ¿esto que tiene que ver con mi oración? Mira y reflexiona lo siguiente:

  1. ENFOCATE EN LA BARCA, NO EN LAS TORMENTAS.

¿Será que soy un hombre, una mujer o un(a) joven “de poca fe” que ante la tormenta me dejo llevar por las olas y el viento? Sabes una cosa, muchas veces nos enfocamos en las tormentas que arrecian nuestra vida y nos olvidamos que Dios nos ha dado más que un paraguas para protegernos, su propio Hijo es nuestra protección, tenemos dentro de nosotros el tesoro más valioso que duerme tranquilo no por indiferencia sino como muestra de paz para nuestra vida: Sí, Jesús está con nosotros. Y si Dios está conmigo, quién estará contra mí. Por ello, lo primero que tienes que hacer para buscar ese deseo de Dios en la oración es ya no enfocarte en la o las tormentas y tempestades de tu vida, enfócate en el interior de tu barca, allí donde esta Cristo, en tú corazón que es morada del Espíritu Santo; Dios está siempre contigo, no te deja solo… Si tú ya lo dejaste entrar en tu vida, piensa que Él no va a irse y estará siempre allí. Cree que Él está contigo, allí, ahora y siempre.

  1. DEJA QUE DIOS INICIÉ LA CONVERSACIÓN.

Antes de preguntarte sobre el estado de tu oración, pregúntate sobre tu estado de orante; es decir, cuando sientes que tu oración no anda bien o cuando no sientes ánimo de orar, la pregunta que debes hacerte inicialmente no es precisamente “¿cómo está mi oración?”, más bien “¿cómo estoy yo?”… Por eso, la segunda idea que debes tener en cuenta es esta: Piensa que cada vez que vas a orar, el diálogo no lo inicias tú realmente, Dios Padre toma la iniciativa y te pregunta “¿cómo estás hijo?”; puede ser que no lo escuches, pero no significa que Él no te lo diga, recuerda que cuando vas a orar vas a encontrarte con tu Padre Dios, acércate con confianza y deja que Él te haga esa pregunta, en fe respóndele, cuéntale cómo has estado, que sientes, cómo te fue en tu trabajo, qué no te salió bien, llegaste tarde a tu examen, tus amigos te hicieron sonreír, un hermano te abrazo; cuéntale el porqué de tus lágrimas pero también lo que causa tu alegría; cuéntale por qué estás cansado, cómo está tu familia… cuéntale cómo estás tú!

  1. ORAR ES UN MODO DE SER ANTE DIOS.

Dice el Papa Benedicto XVI que “cuando hablamos de la oración como experiencia del hombre es necesario tener presente que esta es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, es un modo de ser ante Dios antes que el cumplimiento de actos de culto o pronunciar palabras”. Ese sería un tercer aspecto de esta meditación: Orar es un modo de ser ante Dios, no de hacer. Es cierto que cuando empiezas el camino de la oración es útil disciplinarte haciendo un compromiso de “x” duración de tiempo, a “z” hora del día, en “y” lugar para poder hacer tu oración, pero deberá llegar el momento en que como orante desplaces un mero compromiso externo por el verdadero compromiso del corazón. Recuerda que ante Dios somos transparentes, aunque no lo queramos, porque Él nos conoce bien; acércate tal y como eres, quítate cualquier máscara y presentante auténtico, pecador pero real, no falso; se tu mismo, Dios igual te recibe, te escucha y te ama. Así verás que también tu oración va venciendo barreras de tiempo y de lugar, oras porque sientes la necesidad de orar, no porque “me toca orar”.

  1. USA “MULETAS” PARA APRENDER A CAMINAR… ¡PERO CAMINA!

Complementando el punto anterior, ten en cuenta que si dejas de orar, en realidad dejas de buscar ese “deseo de Dios” y empiezas a buscar a Dios por otros caminos o, lo que es peor, otras soluciones fuera de Dios. Nunca dejes de orar. Si acabas de tener tu encuentro con Cristo, empieza desde ya el camino de la oración para mantener ese gozo que existe en tu corazón; si ya llevas ratos en este camino, no te descuides, sigue orando sin cansarte; y si has hecho una pausa en tu oración, debes regresar a ella. Pero ¿cómo hacer si no siento ganas de orar? Fácil, ese es el cuarto aspecto, usa las “muletas” que la Iglesia ha puesto a disposición de todos los cristianos a lo largo de los siglos y de los santos, para apoyar nuestro camino y fortalecer nuestra debilidad espiritual. Usa las oraciones de los santos, ora con los salmos y con la Palabra de Dios misma, reza el Rosario, el Angelus, la Coronilla de la Misericordia, el Santo Vía-Crucis… Un Padrenuestro, 3 ave Marías, 1 gloria, una Salve… Escoge la muleta que tú quieras y apóyala fuerte para dar tus pasos en la oración, pero cuando ya logres la fortaleza espiritual necesaria, no olvides el punto anterior, tienes que ser tú mismo ante Dios, sigue usando las oraciones que ya han sido compuestas, pero no te olvides de ser tú mismo el compositor de tu propia oración para y hacia Dios. No por nada la Iglesia es Madre y Maestra ¿no crees? Entonces, aprende de ella a caminar en la oración y ¡camina!

  1. ARRODILLADO ANTE DIOS.

Reconoce que necesitas de Dios, dale a Dios el lugar que merece en tu vida, es acá cuando empieza a formarse el “deseo de Dios” dentro de ti. Dice el Papa Benedicto XVI que “La oración tiene una de sus típicas expresiones en el gesto de arrodillarse… puedo ser obligado a arrodillarme (condición de indigencia y esclavitud), pero también puedo arrodillarme espontáneamente, declarando mi límite y así, mi tener necesidad de otro. A Él le declaro ser débil, necesitado, “pecador”. Sería excelente que nuestra oración la hiciésemos siempre de rodillas como un símbolo externo de nuestra necesidad de Dios, pero no olvidar nunca que lo externo tiene que trascender al corazón; si posees algún impedimento físico para arrodillarte, no te sientas mal, puedes inclinar tu rostro como tu propia postración ante Dios. En todo caso, no debes sentirte mal si en algún momento de tu día sientes necesidad de orar pero no puedes arrodillarte físicamente, eso es lo que nos enseña nuestro amado Benedicto XVI, arrodilla tu corazón, declárale a Dios tu necesidad de Él con la misma actitud interior que si lo hicieras verdaderamente arrodillado, pero no por eso dejes de orar.

  1. LEVANTA EL CORAZÓN: HABLA DEL AMOR CON EL AMOR DE LOS AMORES

Si tu oración es sincera, tu corazón se elevará hacia el cielo aunque tu cuerpo permanezca arrodillado en la tierra. Nos continúa diciendo Benedicto XVI: “La oración que es apertura y elevación del corazón de Dios, se convierte así en relación personal con Él”; desde el principio de su plan de salvación, Dios quiso estar cerca de sus hijos, el libro del Génesis nos presenta a un Dios que camina por el jardín del Edén buscando al hombre y a la mujer (Gen. 3, 8-10). Con la oración ocurre exactamente lo mismo, Dios nos busca para conversar con nosotros, para relacionarse con nosotros, escuchamos sus pasos en la oración, pero no debemos tener miedo y escondernos, al contrario salir a su encuentro, levantar el corazón hacia Dios es precisamente eso, ponernos ante su presencia. Jesús nos dijo que cuando oráramos dijéramos “Padre nuestro”, por eso mismo, no debo tener miedo de presentarle mi corazón porque aún y cuando Él es Dios, es también mi Padre que me ama. Dios es amor, mi corazón a pesar de las tormentas debe estar anclado al amor, todo mi ser debe estar sostenido por la correspondencia del amor con Dios. Santa Teresa de Jesús decía que “orar es hablar de amor con alguien que nos ama”.Dile a Dios que lo amas, para que Él lo escuche de tus propios labios, pero también para que tú nunca lo olvides; recuerdas que oras al Padre que te creo por amor, por medio del Hijo que nos salvó por amor, con la fuerza del Espíritu Santo que es el amor trinitario, porque “el amor es la entrega libre del corazón… es el interior más íntimo del Dios trino” (YOUCAT #402). Poco a poco, perseverando en tu oración y crecimiento espiritual, esa elevación se convertirá en entrega total, tu corazón pertenecerá totalmente a Dios y Él lo hará fructificar en el amor.

  1. CALLA: SILENCIO Y ESCUCHA.

Normalmente nuestra oración es un decir, hablar y hablar, pero muy poco escuchar. Este quizás sea uno de los puntos más difíciles en tu camino de oración, guardar silencio no es fácil, menos en un mundo como el nuestro lleno de tanto ruido, porque aunque tu boca permanezca cerrada, tu mente sigue pensando y pensando, tanto que no deja que tu corazón escuche la voz de Dios. La primera y más básica condición de la escucha en la conversación humana es el silencio, frente a la conversación con Dios lo es también; calla y escucha, empieza poco a poco: Sí oras 5 minutos, al menos 1 deja que sea de silencio, si oras diez minutos, al menos 2 o 3 minutos no hables ni pienses… veras como poco a poco irás avanzando hasta llegar a un punto en el que más de la mitad de tu oración será de escucha, incluso totalmente, en la línea de la contemplación. Y no esperes que haya un sonido de truenos y trompetas que anuncie que Dios te hablará, Él simplemente habla, el Espíritu Santo sopla donde quiere; humanamente puede ser que a través de tus sentido y entendimiento no escuches la voz de Dios, pero descuida, Él siempre habla y tu alma escuchará, nunca quedarás vacío de sus palabras, simplemente se dócil y como Samuel dile “habla Señor, tu siervo escucha…”.

  1. ALABA Y GLORIFICA, DA GRACIAS Y ALÉGRATE.

Es simplemente tener conciencia de que todo lo que soy y lo que tengo viene de Dios y a Él agradezco, por la vida, por la salud, por las tristezas, por mis hermanos de comunidad… El que te creo, te salvó y te bendice día a día, ¿no crees que existan suficientes razones para dar gracias a Dios? Y sin embargo es lo que siempre olvidamos… Pero no solamente tienes que ser agradecido, también debes alabar a Dios, no porque Él lo necesite, más bien porque Él lo merece: “Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, Tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación” (Prefacio común IV). Pero entonces, ¿Qué quiere decir alabar a Dios? Mira la respuesta que ofrece el YOUCAT #489: “Dios no necesita ningún aplauso. Pero nosotros necesitamos expresar espontáneamente nuestra alegría en Dios y nuestro gozo en el corazón. Alabamos a Dios porque existe y porque es bueno…”. Tan sencillo como eso, Dios es real, existe y es bueno, es digno de toda alabanza y adoración; el cristiano adora y alaba a Dios desde la fe y lo hace con alegría. Por eso la oración siempre debe tener como presupuesto la alegría, cuando ores no pongas cara seria o sepulcral, sonríe porque Dios ve tu corazón y tu sonrisa la convierte en alabanza para su gloria.

  1. NO ESTÁS SOLO, ALLÍ TIENES A TU MADRE.

En nuestra búsqueda del deseo de Dios por los caminos de la oración, nunca estamos solos, como dice una alabanza mariana tan sencilla pero tan bonita “mientras recorres la vida, tú nunca solo estás, contigo por el camino, Santa María va…”. María, ella es nuestro Recurso Ordinario y nuestro auxilio en los momentos de prueba de nuestra fe; es nuestra Madre y nos acompaña en nuestro crecimiento espiritual. María, “… Ella se dirige a nosotros diciendo: No tengas miedo de Él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina…” (Benedicto XVI). Orar es decirle un Sí entregado a Dios, así como lo hizo María, para que Dios tenga la oportunidad de vivir su vida en nuestra vida; muchas veces, algunos cristianos, tendrán cierta “timidez” espiritual para dirigirse a Dios directamente, por no saber hacerlo o por no sentirse dignos de hacerlo; eso no debe desmotivarlos en su camino de oración, su búsqueda de Dios no puede detenerse y una buena idea para encontrar el rumbo es que lo pongan todo en las manos de María, ella les acercará a Jesús e intercederá por ellos siempre para que su oración sea viva y constante.

  1. QUE TU VIDA SEA TODA ORACIÓN

Cuando empiezas a lograr la meta propuesta, sientes la necesidad de orar constantemente y no necesariamente por una necesidad particular del momento, entonces se puede decir que el deseo de Dios ha hecho fecundo tu corazón para Dios; como dice San Agustín “Tu mismo deseo es tu oración; si el deseo es continuo, continua es tu oración. No en vano dijo el Apóstol: Orad sin cesar… Tu deseo continuo es tu voz. Callas si dejas de amar. Si subsiste el deseo, también subsiste el clamor; no siempre llega a los oídos de los hombres, pero nunca se aparta de los oídos de Dios”. Eso es así, Dios siempre te escucha, no aparta tu oído de ti… Cuando empiezas a ver a Dios no como juez, sino como salvador y compañero de camino, entonces tu vida se convierte en oración, oras siempre, con palabras, con el pensamiento, porque sabes que siempre esta Él allí contigo; oras al levantarte, antes de dormir, oras cuando vas en el autobús o manejando hacia el trabajo, oras antes de un examen, oras cuando obtienes un triunfo, oras cuando te sientes triste, oras en los momentos de prueba, oras por los demás… oras siempre, oras hasta sin pensar que precisamente estas orando. Oras con la sonrisa y haces sonreír a Dios.

 

Lo anterior talvés son solo unas cuantas ideas para ayudarte en tu camino de oración, pueden haber muchas más, pero espero que estas sean útiles para fortalecer tu búsqueda de Dios, para mejorar tu oración o para crear un hábito de oración, si es que no lo tienes. Pero quiero dejarte no una última idea, más bien un hilo conductor de todas las ideas sobre la oración, sin el cual cualquier esfuerzo oracional perdería el rumbo y el sentido, este hilo se llama ESPÍRITU SANTO. Siempre, antes de cualquier cosa, al inicio de tu oración, INVOCA AL ESPIRITU SANTO, simplemente di “ven Espíritu Santo” y Él vendrá sobre ti para iluminar tu oración; si estas seco de palabras, él las inspirará y sobre todo abrirá tu corazón a Dios mismo porqué Él es Dios… No esperes que tu oración “te llene” si antes no te has llenado tú de Dios.

¡Ánimo! La Iglesia te acompaña en este camino de la oración, tu búsqueda del deseo de Dios está fortalecida con la plegaria en comunión de toda la Iglesia, no te olvides nunca que el cielo entero está rezando por ti, los ángeles y santos interceden por ti, tu comunidad ora por ti, la Iglesia ora por ti, es lo hermoso de nuestra fe, vivimos y creemos en comunidad, oramos también en comunidad… Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Ernesto Martínez.

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27 Comentarios »

  1. Excelente artículo claro entendible, he empezado mi camino de oración y es maravilloso, aun me falta mucho camino por recorrer, este artículo me ha iluminado en muchos aspectos referentes a la oración, que es la vía directa para estar en sintonia con nuestro padre celestial.
    Gracias
    Bendiciones

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    • Siempre escucho que Dios me habla empezando por mi nombre y luego dice hija mia con ese amor que solo lo puede describir el que lo vive, pero siento que me desconecto y me pierdo con las cosas cotidianas como poder mantener esta diciplina del amor a Dios.

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      • Sólo toma la decisión y saca el tiempo como para las demás cosas de tu día. Dale rango de prioridad a Dios. Si sueles estar muy ocupada, levántate más temprano para poder orar y encomendar tu día y toda tu vida a Dios. Puedes acompañarlo de la lectura del Evangelio del día (la Palabra de Dios nunca vuelve a Él vacía- Isaías 55:11). Dile con confianza de Hija antes de dormirte: “Señor, despiértame mañana temprano, por favor. Fortaléceme en medio de mi sueño y mi cansancio. Quiero hablar contigo, Señor. Quiero volver a Ti. Quiero permanecer en Ti.” Pero díselo con confianza, con tus propias palabras. A las doce en punto saca dos o tres minutos para rezar el Ángelus o el Regina Coeli, según corresponda el tiempo litúrgico (en Pascua se sustituye el Ángelus por el Regina Coeli, hasta Pentecostés). Háblale durante el día: puedes decirle gracias, pedirle perdón cuando te hayas dado cuenta que has fallado y tratar de enmendar tu falta y aprender de eso para en lo adelante. Reconocerle en los detalles del día a día: “ya entendí, Señor, porqué permitiste esto”. Y en la noche, antes de dormir cuéntale de tu día, tus seres queridos, etc. Él ya lo sabe, pero le gusta escucharte. Cuando no sientas ganas de orar o no sepas qué decirle, cántale! Escucha canciones cristianas católicas con las que te sientas identificadas en ese momento. Las canciones de la Hermana Glenda son muy buenas para orar! Si hace mucho que no recibes el Sacramento de la Reconciliación, hazlo. Y NUNCA dejes de ir a Misa por más cosas que tengas. El Señor es fiel y nos recompensa cuando nosotros también le somos fieles: “Al que es fiel en lo poco, más se le confiará”. No estoy hablando por hablar, te lo doy como testimonio. Así que ¡ánimo! Dios confía en ti y espera por ti. Un abrazo!

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  2. Llevo un año y 5meses en la Iglesia católica y esta página me motiva mucho a continuar perseverancia en ellos caminos del señor.. felisidades a los fundadores de esta pajina que dios los bendiga.

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  3. EN ESTOS MOMENTOS DE MI EXISTENCIAME CAYO COMO ANILLO AL DEDO!!!…..YA LO HABIA PLATICADO CON EL PADRE…..PERO AHORA LO ENTIENDO MEJOR….GRACIAS SEÑOR POR PONERLO EN MI VISTA.

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