catolicos con accion

“¿Quién soy yo?, ¿de dónde proviene el ser humano?, ¿qué es la vida?”

En el artículo anterior iniciamos un apasionante viaje por la biblia, por el conjunto de libros que los cristianos consideramos como “la palabra de Dios”; ubicándonos en el libro del Génesis, específicamente en el relato de la creación.

Cabe destacar que la biblia, como palabra de Dios, no es un libro de fábulas, de historias maravillosas y hasta increíbles, mucho menos es para la entretención, ni para explicarnos aspectos científicos, entre otras cosas. La Biblia, o Sagradas Escrituras es el conjunto de libros compilados por inspiración del Espíritu Santo, en la cual Dios nos habla de Él mismo, de los hombres, y de como Él se relaciona con ellos a lo largo de la historia. Por ende, cuando nos referimos a los relatos de la creación, Dios tiene como propósito instruirnos en la verdad, el amor y en la vida espiritual a través de un lenguaje asequible, con la finalidad que todo ser humano pueda reconocer su maravilloso poder, que tiene por centro su esencia, el AMOR.

Hay que recordar que Dios no habla como nosotros, con el sonido de la boca o con gestos corporales; Dios nos habla y se comunica con nosotros de diversas maneras: Por medio de nuestra propia conciencia, por medio de otras personas, por medio de la Iglesia, por medio de la oración, por medio de su Palabra y de muchas otras maneras. Por tal motivo, he decidido hablar de la creación en 2 partes; para que logremos reconocer que Dios nos habla hasta en los relatos que nos sabemos de memoria y que muy probablemente los hemos venido escuchando desde muy pequeños.

Con propiedad puedo asegurar que los relatos de la creación son la respuesta que encontró el pueblo de Israel a sus interrogantes, y que dicho sea de paso, el hombre actual las sigue teniendo. ¿Quién soy yo?, ¿de dónde proviene el ser humano?, ¿qué es la vida?, etc.

Como dije en el artículo anterior, publicado tiempo atrás, no pretendo entrar en aspectos teológicos, porque la finalidad de este artículo es descubrir las enseñanzas que se encuentran en los relatos de la creación, para saber qué es lo que Dios nos quiere dar a entender por medio de ellos.

Ahora bien, entrando en cuestión, una de las interrogantes más frecuentes acerca de los relatos de la creación es preguntarse ¿por qué dos historias? A continuación responderé esta interrogante de la manera más sencilla posible y sin entrar en mucho debate teológico para que podamos pasar a la sustancia del texto bíblico.

El libro del Génesis fue escrito entre los siglos X y IV a.C. y durante su redacción fue “modificado” por cuatro tradiciones, de acuerdo a las situaciones particulares que vivía Israel durante ese lapso de tiempo, con la finalidad de dar respuestas a los acontecimientos e interrogantes del pueblo desde la óptica de la fe. Estas tradiciones son: Yahvista (porque llaman a Dios, Yahvé), Elohista (llaman a Dios, Elohím), deuterocanónica y finalmente, la tradición sacerdotal.

El primer relato es de la tradición sacerdotal, se presenta como un poema litúrgico, una especie de canto, himno o credo, es una narración muy bien organizada, lo cual respalda la teoría que era básico en alguna celebración religiosa.

El segundo relato curiosamente, es más antiguo que el primero, procede de la tradición Yahvista, y probablemente fue redactado en tiempos del Rey Salomón. Este relato de la creación es más informal que el primero, menos ordenado, por consiguiente presenta un lenguaje más popular, pintoresco y familiar. Este relato también, presenta a un Dios que tiene un trato más amigable y cercano con su máxima creación, el hombre.

A continuación pasaremos a desglosar los versículos del texto y poder sacar las enseñanzas que nos deja el segundo relato de la creación (Gn 2, 4- 25).

– Gn 2, 4- 6: Lo primero que podemos identificar en este texto es que, Dios posee un nombre, Yahvé; esto complementa lo que mencionábamos acerca de las tradiciones presentes en la redacción del Antiguo Testamento, específicamente el Pentateuco (5 primeros libros de la biblia).  Contrario a lo que dice el primer relato de la creación, este nos presenta un lugar seco antes que todo fuera creado, en el capítulo anterior se narra que el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.

La enseñanza que podemos sacar del texto es que Dios efectivamente es el que infunde la vida, porque al hablar del agua en forma de lluvia que hace brotar la vida, los arbustos, las plantas; el autor sagrado pretende reafirmar que el don de la vida es dado por Dios, lo interesante del relato es que muestra al hombre como colaborador de la vida. Dios hace llover, crea los manantiales, pero el hombre riega sus cultivos. Podemos afirmar que este relato presenta al hombre como un ser con capacidad de decisión, con libertad para poder cultivar, de poder llevar el agua adonde le plazca, el hombre es cooperador con la creación, contribuye en la formación de la vida que Dios regala. En este texto no vemos al hombre sometido por Dios y a sus reglas, en contraposición con lo que en la actualidad se pretende dar entender acerca de estos hermosos textos, para desacreditar tanto a Dios como la creencia religiosa.

– Gn 2, 7: Este versículo nos narra de manera diferente la creación del hombre con respecto a la lectura anterior. En el relato del capítulo 1, no dice como Dios crea al hombre, en cambio, este narra que toma polvo de la tierra y a partir de ahí lo ha forma. El pasaje pretende dar a enseñar que el ser humano posee una naturaleza corporal, por esa razón Dios toma polvo de la tierra, el polvo es el símbolo de nuestra naturaleza corporal, es con el que el escritor sagrado pretende demostrar que efectivamente somos materia. Pero, inmediatamente que Dios forma al ser humano del polvo de la tierra, insufla (sopla) en sus narices el aliento de vida, lo que quiere dar a entender el texto es que, además de tener una naturaleza corporal, también poseemos una espiritual. Entonces podemos decir que un individuo está dotado de una naturaleza corporal y de una naturaleza espiritual, por la primera somos imagen de Dios, ya que él nos pensó así; y por la segunda, somos semejanza de Dios, porque él no es un ser corpóreo, es un ser espiritual (1)

Por otro lado, analizando un poco más en este verso, específicamente cuando Dios “sopla” el aliento de vida. Nadie sabe en qué momento específico recibimos este soplo de vida, dice Eclesiastés 11, 5: “Tú no sabes por dónde llegó el espíritu al niño en el vientre de la mujer embarazada: otro tanto ignoras la obra de Dios tomada en su conjunto”.

Biológicamente la vida inicia con la fecundación del óvulo por parte del espermatozoide, tenemos certeza de la parte corporal, pero el momento exacto de la parte espiritual la ignoramos, por tal Iglesia defiende la vida desde el vientre de la Madre, porque al privar a un feto de la vida, estamos rechazando ese “soplo de vida que Dios infunde en el ser humano, con el que somos imagen y semejanza de Dios, dotados de una dignidad humana desde el mismo instante de la concepción. Esta dignidad humana es infinitamente superior a los hechos o situaciones previas a la fecundación; porque la vida del ser humano está ligada a su misma dignidad.

– Gn 2, 8- 9: Estos versículos nos enseñan que la perfección de Dios ha llegado a tal grado, que toda la naturaleza cuenta con una armonía excepcional, y el ser humano, está insertado en este mundo sutilmente armónico. Lo realmente cautivante es lo que está en el medio del jardín, “el árbol de la vida” y “el árbol de la ciencia del bien y del mal”; en la mente del autor sagrado, el árbol de la vida es un símbolo del don de inmortalidad que Dios había conferido al primer hombre, y el árbol de la ciencia del bien y del mal, el símbolo de la línea divisoria de la ley moral entre el bien y el mal. De hecho, Adán y Eva, al tomar de la fruta de este árbol, conocieron prácticamente la distinción entre el bien y el mal; de ahí el nombre que le aplica el escritor de árbol de la ciencia del bien y del mal. (2)

– Gn 2, 10- 17: Los versículos 10 al 14 son una interpretación de la ubicación adonde el autor sagrado suponía que el jardín del edén había estado ubicado, probablemente era un área en la que él consideraba que se daban las condiciones idóneas para que el jardín del edén estuviese en tal latitud.

Al llegar a los verso 15 y 16, nos damos cuenta que al hombre Dios le concede dominio, autoridad y responsabilidad sobre todo lo creado; es decir, retomamos el concepto de jurisdicción que hablamos en el artículo anterior con el que autor sagrado refleja la supremacía del hombre como creación de Dios, y las responsabilidades que se derivan de esta supremacía. Dentro de las responsabilidades que Dios dejó al hombre sobresale la obediencia total al creador, pero esta obediencia no es impositiva, sino espera del hombre un actuar libre, recto; como aquel que se mantiene en fidelidad a quien ama por sobre todas las cosas. “Pero al mismo tiempo, el hombre debe someterse a la voluntad de Dios, que le pone límites en el uso y dominio de las cosas (cf. Gn 2,16 s.), a la par que le promete la inmortalidad (cf. Gn 2,9 Sg 2,23). El hombre, pues, al ser imagen de Dios, tiene una verdadera afinidad con El. Según esta enseñanza, el desarrollo no puede consistir solamente en el uso, dominio y posesión indiscriminada de las cosas creadas y de los productos de la industria humana, sino más bien en subordinar la posesión, el dominio y el uso a la semejanza divina del hombre y a su vocación a la inmortalidad”. (3)

– Gn 2, 18- 24: Este versículo por demás interesante narra desde otra perspectiva la creación; pero principalmente, lo que el autor pretende enseñar no es más que la sociabilidad del hombre. Según el relato, Dios creó a todos los animales para que el hombre no estuviera “solo” y al ver que estos seres no eran la compañía perfecta, crea a la mujer de la costilla del hombre.

El hombre aparentemente tenía todo para ser feliz; sin embargo, hacía falta algo, alguien que poseyera su misma dignidad humana, su misma naturaleza corpórea, y este ser no podía ser otro que la mujer. Al crear a la mujer, Dios crea un complemento, tanto a nivel anatómico, psicológico y espiritual; es por tal motivo que la Iglesia defiende el matrimonio tradicional, porque Dios en su plan amoroso dotó al hombre con la capacidad de amar y de manera peculiar, como lo es el amor conyugal. Este amor es tan fuerte, tan especial que el hombre y la mujer rompen la cotidianidad de su vida para unirse y así formar una nueva familia, continuando con el ciclo de amor, contribuyendo en la creación, utilizando la jurisdicción, la autoridad y la responsabilidad que Dios le ha dado al hombre. Dice Mt 19, 4- 5: “Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne?”

Con la cita de Mateo, podemos comprobar como Jesús da vigencia a un texto tan antiguo y a vez refuerza que el hombre está llamado a vivir en comunión de una manera singular como lo es el matrimonio, lo cual es algo bueno y querido por Dios.

No vale la pena entrar en el debate sobre la veracidad de la narración, es decir, intentar descubrir quien fue primero, el hombre o la mujer. Lo que realmente importa es discernir qué el hombre y la mujer fueron dotados de la misma dignidad (significado de la costilla), y que por tener la misma dignidad ambos son seres complementarios, y al descubrir esta complementariedad, ambos están llamados a vivir en la unidad como Dios vive en la unidad (misterio de la Trinidad), porque ambos fueron creados a imagen y semejanza de Dios.

– Gn 2, 25: El segundo relato de la creación concluye narrando que tanto el hombre como la mujer estaban desnudos y que no había pena entre ellos. Este texto lo que pretende mostrar es que, Dios creó al ser humano bueno y perfecto, sin corrupción, un ser libre de mancha, puro, totalmente libre de cualquier atadura. Ese es el significado de la desnudez que narra la biblia. El autor utiliza la desnudez corporal, para referirse al mismo tiempo a un aspecto espiritual; es decir, el ser humano se mostraba tal cual era ante su similar y ante Dios. Por eso la importancia de aspectos tan poco valorados hoy en día como la virginidad, la castidad, la exclusividad de las relaciones sexuales para el matrimonio, la fidelidad, etc. Al vivir estos aspectos no solo cumplimos el plan de Dios sino que nos revestimos de ese ser humano bueno y en busca de la perfección, capaz de edificar su espíritu. Solo al vivir estos aspectos Dios alcanza a observar un poco de ese ser humano que un día creó, que lucha por regresar a él, y que da su esfuerzo por serle agradable y cumplir su voluntad; porque la desnudez que narra este versículo es la pureza con la Dios nos dotó en un inicio, y a la cual estamos llamados a regresar al hacer operante en nosotros el plan de salvación en su Hijo, Jesús.

Habiendo terminado de sacar “algunas enseñanzas” de este segundo relato de la creación, dejo una invitación para que puedas formar el hábito de leer las sagradas escrituras; porque al leer las sagradas escrituras no solo lees la historia de la salvación,  también aprendes sobre Dios, sobre su pedagogía,  encuentras respuestas a las interrogantes más profundas del ser humano. Ten presente que no puedes amar a quien no conoces y la manera de conocer a Dios es mediante la lectura de la palabra. Pero también, no puedes amar con quien no hablas, y la oración es el único medio para hablar con Dios.

En conclusión, ¿Quieres amar a Dios por sobre todas las cosas? Lee su palabra y ora, porque solo así sabrás cual es el plan el que tiene para ti; y créeme, él no te va a decepcionar.

Artículo escrito por nuestro colaborador y Católico con Acción Pedro Mira

Referencias bibliográficas:

(1) Cf. Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) 362

(2) Biblia comentada, profesores de salamanca, tomo I: Pentateuco

(3) Sollicitudo rei socialis 29

– Nueva Biblia de Jerusalén

– Biblia Latinoamericana para formadores

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