Apostoles por la oración catolicos con accion discipulus

“No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias.”(Flp 4,6)

En este punto, no se puede saber si tú estás de pie, sentado o caminando, si estás solo, en grupo o en pareja, pero una cosa es cierta: son muchas las ideas que ocupan tu cabeza y profundos los interrogantes de tu corazón. Quieres hacer varias cosas al mismo tiempo, aunque a veces parece que nada tiene gran importancia allí, ¿no es así? Toda esta confusión es una señal de que tú… eres joven, estás vivo y en tu búsqueda de lograr algo más grande, en busca de tu propia realización.

Todo esto puede ser normal, pero no pierdas de vista orientación: “No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias”(Flp 4,6).

Son muchas las opciones que la vida pone delante de tus ojos y decisivas las elecciones que deben ser hechas en vista de la construcción del futuro que te espera. Grande también debe ser tu compromiso en llevar a Dios todos sus sueños, proyectos, deseos y preocupaciones. Cuanto más grande sea la carrera, más energía se utiliza y la fuerza que impulsa nuestra alma viene de la oración, la relación viva y personal con el Dios vivo y verdadero que nos ama, que siempre está dispuesto a escucharnos, y sólo quiere nuestro bien, y desea ardientemente hablarnos.

“¡Oye, hijo mío”- dice el Señor.

Esta búsqueda de la intimidad con Dios a través de un diálogo sincero, profundo y relacionado a los hechos de la vida es la oración.

Si se hace con muchas o pocas palabras, improvisadas o aprendidas, largas o cortas, no importa. Desde que te entregues a la acción del Espíritu Santo, porque Él entiende lo que está en lo intimo de tu corazón y sabe todo sobre ti.

A veces llevamos una vida de oración muy pobre porque desde temprano nos enseñaron que la oración es simplemente pedir, pedir, pedir. ¡No! La oración, además de hablar, también es escuchar, escuchar, escuchar. Y, para que nuestros oídos no sean inducidos al error por la imaginación, siempre dispuesta a escuchar lo que más le gusta, la oración perfecta debe ir siempre acompañada de la Palabra de Dios, sabiendo que “a él hablamos, cuando oramos, a él escuchamos, cuando leemos los oráculos divinos.”

El poder de una oración no está en la cantidad de milagros que ésta alcanza, sino en los cambios que es capaz de lograr en nosotros y en las situaciones que están a nuestro alrededor. Está en la seguridad que ésta nos da al saber que Jesús está vivo entre nosotros, en la comunión que promueva, haciéndonos, en la alegría p en la tristeza, en la salud o en la enfermedad, en las dificultades o en las victorias, en la santidad o en el pecado confiar en Dios y buscarlo.

Sí, en todos los casos puedes presentarte delante de Dios. También puedes presentar a los que tú anunciarás el Evangelio, porque es el Espíritu quien debe preparar los corazones. Él es quien unge a aquél que escucha que habla. Sólo Él convence y convierte, así que no hay manera de lograr una misión sin la oración. Por otra parte, si tú quieres ayudar a alguien a encontrar a Cristo, también necesitas ayudarlo en el proceso de hablar con Él. Así que es hora de hacer discípulos a través de la oración.

No hay que tener la idea de que una persona debe aprender a orar del mismo modo que tú lo haces, pero señálale posibles caminos, ofrécele subsidios (salmos, himnos, rosarios, lecturas piadosas, también en tu grupo momentos de oración bien preparados compartidos, que lleven a la reflexión sobre a voluntad de Dios y al feliz.

Evita dar vueltas en la oración, no la transformes en largos discursos o en oportunidades de exhortación. Recuérdate que la voz que los discípulos tienen más necesidad de escuchar la voz del Maestro. Anuncia que , si el propósito de la oración es ponernos en oración que la Misa, en la que Jesús demuestra que no sólo quiere estar entre nosotros, sino en nosotros a través de la Sagrada Eucaristía. Promueve momentos de formación, inspirados en el Catecismo, sobre nuestras formas de oración, evitando orar mecánicamente o por rutina y no te avergüences de orar en todo momento de tu vida incluso en público, y así demostrar la de que tienes.

Santa Teresa, patrona de las misiones de los jóvenes, es para nosotros un gran ejemplo de una vida de oración y evangelización. Una joven de 24 años, que nunca salió del Carmelo, demuestra firmemente que la fuerza para la misión de la Iglesia no está sólo en la acción, sino sobre todo en la oración y en la contemplación. Encerrada por el mundo pero libre para Dios, ella abrazó con humildad y santidad la misión y la evangelización, a través de su intersección por la misión salvífica de la Iglesia en el mundo.

¡Ve, pues, tú también, y haz discípulos a través de la oración!

Tomado del libro: Discipulus JMJ RIO 2013
Católicos con Acción

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