dame un corazón de niño católicos con acción

Pequeño, pequeño es la palabra que nos califica durante nuestros primeros años de vida; desde que nacemos del vientre de nuestra madre todo el mundo parece mirarnos desde grandes alturas. En esa pequeñez de niño se refleja la inocencia, la vulnerabilidad, la alegría, la fragilidad, la ternura, la sencillez, la humildad, la serenidad, la bondad, la pureza, la castidad, además se refleja la esperanza de la humanidad pero sobre todas las cosas, en esa pequeñez, se refleja el amor de Dios.

Cuántos bellos valores poseíamos cuando éramos niños, además todo era más sencillo, nuestras preocupaciones más importantes eran la tarea de la escuela y jugar fútbol por las tardes con nuestros amigos. En la vida del ser humano siempre llega el momento en el que nos preguntamos ¿por qué crecimos? Si todo era tan fácil antes… Las preguntas no parar ahí, siguen, ¿por qué tengo que tener responsabilidades? ¿por qué tengo que obedecer a mis padres? ¿por qué Alejandra no me quiere? …Y seguimos creciendo… ¿Por qué mis amigos me odian? ¿por qué mis amigos me ofrecen drogas? ¿donde están mis verdaderos amigos?…El tiempo sigue sin detenerse… ¿por qué me despidieron de mi trabajo? ¿por qué se destruyó mi familia? ¿por qué Dios es tan malo conmigo? ¿por qué Dios se queda con los brazos cruzados? ¿Quién dicen ustedes que es Dios?… Y a medida pasa el tiempo, las preguntas siguen brotando como un volcán activo en plena erupción. Lo más alarmante es que dentro de nuestra misma angustia contaminamos como peste a todas las personas que nos rodean.

¿En qué momento el mundo dejó de tener el corazón de niño? No pretendo que las personas que lean este artículo se pongan nostálgicos de su niñez, al contrario, pretendo que recuerden esos bellos momentos e intenten traer lo mejor de aquellos días a este mundo que tanto lo necesita. La Palabra de Dios nos dice claramente en 1 Corintios 14,20: “Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros”. ¡Hermano, Dios nos está pidiendo que seamos personas maduras de razón con un corazón humilde y bondadoso!.

¿De qué nos sirve tener todo el conocimiento del mundo, si al final no somos empáticos con nuestro prójimo? Quiero compartir con todos ustedes un experimento que se realizó con niños, el siguiente video se ve reflejada la nobleza, la humildad y la bondad a la que me refiero con el corazón de niño.

Seamos pues, como niños, no con su inocencia sino que con su amor, no con su llanto sino que con su empatía, no con su impaciencia sino que con su felicidad permanente, no con sus berrinches sino que con su fuerte voz para exigir y predicarle al mundo sin temor lo que Cristo ha hecho por cada uno de nosotros.

Digámosle a nuestro Señor en nuestras oraciones de todo corazón, como la alabanza del adorador: “DAME UN CORAZÓN DE NIÑO, SEÑOR, PARA ENTRAR EN TU PRESENCIA”. Recibamos pues, el Reino de los Cielos como niños, “YO OS ASEGURO SI NO CAMBIÁIS Y OS HACÉIS COMO LOS NIÑOS, NO ENTRARÉIS EN EL REINO DE LOS CIELOS” (Mateo 18,3).

Artículo escrito por nuestro Colaborador y Católico con Acción Roberto López Castellanos

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