mi pascua

 

Pascua, palabra un tanto peculiar que está en boca de todos debido a las recién concluidas festividades de Semana Santa. Muy probablemente muchos estemos familiarizados con esta palabra, posiblemente otros no estemos tan familiarizados con el término, pero por la época del año en la que nos encontramos, es común escucharla en la Iglesia, los periódicos, en las conversaciones de los demás y en la red.

La palabra pascua proviene del hebreo pesha, que significa “pasar” o “saltar”. La pascua es una celebración muy antigua en la que los pastores sacrificaban a un cordero sin defecto antes de partir con sus rebaños para el pasto de primavera, para solicitar a Dios la bendición y la protección del enemigo; posteriormente, pasó a ser la gran fiesta en la que el pueblo judío celebra la prodigiosa liberación que Dios obró para sacarlos de la esclavitud de Egipto, dice Ex 11, 4- 7:  “Moisés dijo: “Así dice Yahvé: A media noche yo pasaré por en medio de Egipto. Morirán en el país de Egipto todos los primogénitos: desde el primogénito del faraón, que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la esclava, que se ocupa del molino, y todos los primogénitos del ganado. Y habrá en el país de Egipto alaridos tales cual nunca los ha habido ni los habrá. Pero entre los israelitas no ladrará ni un perro, ni a los hombres ni a las bestias, para que sepáis que Yahvé distingue entre Egipto e Israel”.

Basados en esta cita podemos afirmar que, Pascua para el pueblo judío es el paso de Dios, este paso significó para ellos la liberación de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto, convirtiéndose así en la fiesta por excelencia del Pueblo de Israel, la cual está llena de simbolismos que centran su atención en el sacrificio del cordero pascual, prefigura del sacrificio mismo de Cristo en la cruz  como nuestro cordero pascual. Entonces podemos decir que para nosotros los cristianos la figura central de la pascua es Cristo, Él es nuestro cordero que nos libera de nuestras culpas.

En estos días de Semana Santa, hemos celebrado el misterio pascual de Cristo, es decir, su pasión, muerte y resurrección. Con Cristo la pascua adquiere otro significado, ya no es una mera celebración de un acontecimiento pasado; sino que se convierte en algo más trascendental y con carácter actual: EL MISTERIO DE NUESTRA FE.

Este misterio significa que Cristo murió por mí, por mis culpas, por mis pecados presentes, pasados y futuros; en el sacrificio de Cristo no existe únicamente el perdón, sino también la reconciliación definitiva con Dios, ahora puedo exclamar con toda confianza PADRE (Cf. Rm 8, 14- 15: “Todos aquellos a los que guía el Espíritu de Dios son hijos e hijas de Dios. Entonces no vuelvan al miedo; ustedes no recibieron un espíritu de esclavos, sino el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: ¡Abba!, o sea: ¡Papá!”)…. Pero lo más grande del misterio pascual de Cristo no solo es el perdón de mis faltas, sino la esperanza de la eternidad que puedo alcanzar mediante su gloriosa resurrección. Entonces por el misterio pascual de Jesús no solo alcanzó PERDÓN, sino también VIDA.

Esa es la razón por la que la Iglesia, insta en la cuaresma a la conversión, al ayuno, a la reflexión, para poder entender en todo su esplendor lo que significa la pascua, dice Gal 2, 20: “Me amó y se entregó a si mismo por mí”. Ahora me toca a mí responder, la salvación ya está dada.

Jesús, el Dios Hijo ya pasó por tu vida, pasó ayer, anteayer, la semana pasada, el último mes; es más, acaba de pasar, hace un minuto, ¿te diste cuenta?

Jesús pasa a cada instante por tu vida, como seguirá pasando dentro de unos minutos, mañana mismo, la otra semana; incluso, el otro mes. Él quiere liberarme de la esclavitud de mi pecado, quiere que sea feliz, quiere que viva a plenitud; pero más aún, quiere darme vida, me está ofreciendo esa vida que entregó por mí.

La pascua no es contemplar pasivamente las veces que Jesús pasa por mi vida, no es esperar en la puerta de mi vida a que Él vaya a pasar y saludarlo como si fuera un viejo conocido que pasa por mi casa. Jesús no es como el panadero que pasa todos los días por el vecindario, Jesús no me va a vender poquitos de vida eterna. Cristo es el CAMINO que me lleva a la VERDAD y esta verdad me da VIDA. Él no pasa por gusto, quiere entrar, quiere limpiar mi vida, quiere convertirla. La cuaresma es sinónimo de conversión, la pascua es sinónimo de vida nueva para todos aquellos que hemos decidido dejar atrás el hombre viejo. Es necesario dejar que en la cruz de Cristo mueran nuestros defectos, nuestras equivocaciones e imperfecciones, en otras palabras, en la cruz tiene que quedar mi rebeldía, impulsividad y promiscuidad, mi orgullo y soberbia; mi egoísmo e individualismo, mi indiferencia, pereza y pasividad; mis miedos e inseguridades, porque Jesús por su sacrificio en la cruz ya me liberó de toda esa carga y me ha dotado de la libertad de un hombre nuevo, de la libertad de los hijos de Dios.

Pascua significa entonces libertad, pascua significa vida, una vida nueva. Si en la cruz mueren mis cadenas, en la pascua vivo la plenitud de la libertad fruto del sacrificio.

Jesús está pasando en estos momentos por mi vida y quiere que le entregue mis cadenas de esclavo, él ya dio su pascua (paso) y me está invitando a que yo de MI PASCUA.

Artículo escrito por nuestro colaborador y católico con acción Pedro Mira

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